Noventa y dos reglas que implican la confesión y están divididas en nueve capítulos.
Bosque Theravada
Ayya Tathaaloka Bhikkhuni
Este mes quise dedicarlo a «presentar» a monjas budistas destacadas, como en el índice de autores ya está Bhikkhuni Dhammananda, comenzaré acá con Ayya Tathaaloka Bhikkhuni, venerable maestra, kalyanamitta, y hermana en el Dhamma.
Resumen de Nissaggiya Pacittiya
Son treinta reglas que ponen freno a la avidez desordenada del monje por poseer objetos materiales, tales como los hábitos amarillos, los cuencos para mendigar la comida, etc. Las ofensas, en estos casos, consisten en poseer algún objeto no permitido, o, poseer una cantidad mayor de la permitida de un objeto permitido. La penalidad consiste, primeramente en devolver el objeto que fue causa de la ofensa, seguido por la confesión de haber quebrado la regla y la promesa de no repetirla otra vez. Este acto se hace frente a toda la Comunidad del Sangha, o frente a un grupo de monjes solamente o frente a un monje particular a quien el objeto malhabido ha sido entregado.
Resumen de Aniyata
Estas dos reglas se llaman «indefinidas» en el sentido de que no establecen una penalidad determinada, pero permiten el juzgamiento de la conducta del monje que las transgrede por parte del Sangha.
Resumen de Samghadisesa
Son trece reglas de disciplina que requieren de la participación formal del Sangha en todo el proceso punitivo: el Sangha llama la atención al monje que trasgredió la regla, le impone la disciplina, vela por su cumplimiento y, finalmente, levanta la pena.
Retiro con Ajahn Abhinando
05:30 – Despertar
06:00 – Práctica + Qi Gong
09:00 – Desayuno
10:30 – Práctica
14:00 – Comida
16:15 – Práctica
18:15 – Té
19:00 – Práctica + preguntas y respuestas
21:00 – Cena (fruta y yogur, opcional)
22:00 – Práctica individual o descanso
Ese fue el horario que seguimos en el retiro. Esta vez, me encargué de avisar a todo el mundo con las campanas, así que me levantaba un cuarto de hora antes para despertar al resto. Esto me permitió observar cómo mis miedos a molestar, etc. aparecían y desaparecían. Una práctica muy interesante.
Ajahn Abhinando es un tipo majete, que habla unos cuantos idiomas, entre ellos un muy buen español, aunque debido a que había estado en Italia recientemente y que llevaba un tiempo sin hablarlo, tuvo unos pequeños gazapos de lo más divertidos, como cuando dijo «demos gracias a los frailes del convento por hospitalizarnos» o «no soy un buen ejemplar», incluso cuando se refirió a esta web como «TheraBosque».
Su enseñanza (como le gusta hablar, fue bastante abundante) giró en torno a la «presencia» (la conciencia, mente original, «eso que sabe», que yo también equiparo con el concepto de vacuidad mahayana), y en cómo el entrenamiento de sati (atención) y samadhi (concentración) nos permitían observar nuestras sensaciones, emociones, pensamientos, etc. e independizarnos de ellos: eso que observa la ira no está enfadado, y por eso nos permite responder a la situación desde otro punto. Hizo una analogía que sacó de Ram Dass: «Cuando empecé mi práctica, tenía muchas neurosis, y pensé que, con el tiempo, desaparecerían. No fue así. Fue mi relación con ellas lo que cambió: al prinicpio era como vivir en un apartamento pequeño lleno de muebles, con los que me chocaba a cada paso; ahora, los muebles siguen allí, pero la habitación es mucho más grande».
También nos enseñó técnicas para manejar emociones desarrolladas por terapeutas modernos, «por si nuestra presencia no es suficientemente firme», habló de psicología infantil y adulta, recalcó la importancia de la pacuiencia en el camino y charló de la vida monástica («nunca será lo que te esperas», nos dijo, «porque nunca la has experimentado antes»): opinaba que ambos caminos -laico y monástico- eran igualmente válidos, y que cada uno tenía sus propios problemas asociados.
Alguien le hizo una pregunta sobre qué hacer si el deseo sexual aparecía durante la meditación, y respondió sonriendo: «Es una buena pregunta que hacerle a un monje. La respuesta es: nada. Lo observas, lo abrazas, y ya se irá.. Nos contó cómo cuando empezaba a ser monje le costaba mucho aguantar el deseo, y cómo escuchar que su maestro en Sri Lanka, de 65 años, todavía tenía deseo, le había desesperado bastante.Y os podría contar muchas anecdotillas más, pero no me extenderé.
La comida no estuvo muy allá, pero estaba tan agradecido por tener cosas que comer que no le di mucha importancia. La residencia la compartíamos con chavales jóvenes que se quejaban de la campana a las 5 y media, y a los que veíamos volver de fiesta a las 7 cuando estábamos meditando caminando. Además, el día antes de irnos el abad del convento (nos alojamos en el Real Monasterio de Santo Tomás, en Ávila) nos dio una visita guiada por el lugar, en la que rompimos el noble silencio y quizás nos relajamos demasiado. Pero también fue una práctica interesante, como convivir con un compañero de habitación con el que no podías hablar.
Los compañeros de retiro muy majos todos, pude hablar con alguno de ellos al terminar y compartir experiencias y visión de la práctica.
Y, pasito a pasito, seguimos andando. Os dejo con una foto de grupo que hicimos al final:
MN 4 {9M.1.4} Bhayabherava Sutta – Miedo y pavor
El Buda describe a un brahmán las cualidades que debería poseer un monje que pretende vivir sólo en el bosque. Después, relata cómo conquistó su propio temor cuando se esforzaba por alcanzar la iluminación.
Resumen de Parajika
De acuerdo al diccionario de Pali Text Society, la etimología de la palabra «parajika» es incierta. Según Parivara, se trata del verbo «perderse» o «quedar derrotado». Estas cuatro reglas están destinadas a prevenir cuatro ofensas graves. Cualquier trasgresor de estas reglas está inhabilitado para poder llegar a ser monje dentro de la tradición Theravada.
Resumen de Patimokkha
El término “Patimokkha”, de etimología incierta, se usa para indicar el código básico de las reglas de la práctica monástica y los discursos, en los cuales el Buda enseñó estos principios.
