Borrador de Ananda

{Channovada Sutta} [1] {389} Esto he escuchado:

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en Rajagaha, en la Arboleda de los Bambúes, donde van las ardillas en busca de comida.

[2] Al mismo tiempo, el Venerable Sariputta, el Venerable Mahacunda y el Venerable Channa estaban morando en el monte Pico de Buitre.

[3] En esta ocasión el Venerable Channa estaba aquejado, afligido y gravemente enfermo. Entonces, cuando llegó la tarde, el Venerable Sariputta emergió del retiro, se acercó al Venerable Mahacunda y le dijo: «Ven, amigo Cunda, acerquémonos al Venerable Channa e indaguemos acerca de su enfermedad».

«Sí, amigo», respondió el Venerable Mahacunda.

[4] Entonces, el Venerable Sariputta y el Venerable Mahacunda se acercaron al Venerable Channa e intercambiaron en él cordiales saludos, después de lo cual se sentaron en los asientos preparados para ellos. Y el Venerable Sariputta dijo luego al Venerable Channa: «Espero que lo estés soportando bien, amigo Channa, espero que te encuentres mejor. Espero que tu sensación penosa esté disminuyendo y no incrementándose, y que esta disminución sea la que se pueda discernir y no su incremento.»

[5] «Amigo Sariputta, no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa se está incrementando en mí y no disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución. Es como si un fuerte hombre partiera mi cabeza abriéndola con una afilada espada, así también de violentos son los vientos que atraviesan mi cabeza. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si un fuerte hombre estirara una resistente correa de cuero alrededor de mi cabeza como una venda, así también de violentos son los dolores en mi cabeza. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si un hábil carnicero o su aprendiz estuviera abriendo el vientre del buey con un afilado cuchillo, así también de violentos son los vientos que cortan mi vientre. Por eso no lo estoy soportando bien… Es como si dos fuertes hombres sujetaran a uno débil por los dos brazos asándolo sobre un pozo lleno de carbón ardiente, así también de violenta es la quemadura que tengo dentro de mi cuerpo. Por eso no lo estoy soportando bien ni me encuentro mejor. Una fuerte sensación penosa está aumentando en mí y no está disminuyendo, y este incremento es el que se puede discernir y no su disminución. Quiero usar el cuchillo [1], amigo Sariputta, no tengo deseo de seguir viviendo.»

[6] {390} «Que el venerable Channa no use el cuchillo. Que el venerable Channa siga viviendo. Nosotros queremos al venerable Channa con vida. Si el venerable Channa carece de la comida apropiada, voy a ir en busca de la comida apropiada para él; si el venerable Channa carece de la apropiada medicina, voy a ir en busca de la apropiada medicina para él; si el venerable Channa carece del asistente personal, yo voy a ser el asistente personal para él. Pero que el venerable Channa no use el cuchillo. Que el venerable Channa siga viviendo. Nosotros queremos al venerable Channa con vida.»

[7] «Amigo Sariputta, he aquí, no hay carencia de la comida apropiada; yo tengo la comida apropiada. No hay carencia de la apropiada medicina; yo tengo la apropiada medicina. No hay carencia del asistente personal; tengo el asistente personal. No obstante, amigo, por largo tiempo he servido al Maestro de manera agradable, no de manera desagradable. Es apropiado para el discípulo, servir al Maestro de manera agradable y no de manera desagradable. Recuerda esto, amigo Sariputta: el bhikkhu Channa va a usar el cuchillo sin censura [2].»

[8] «Nosotros quisiéramos preguntar al venerable Channa acerca de un punto, si es que el venerable Channa quisiera otorgarnos el favor de respondernos.»

«Pregunta, amigo Sariputta, cuando lo escuche voy a saber».

[9] {391} «Amigo Channa, ¿consideras el ojo, la conciencia del ojo y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’? ¿Consideras el oído, la conciencia del oído y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’? ¿Consideras la mente, la conciencia de la mente y las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente de esta manera: ‘esto es mío, esto soy yo, esto es mi ser’?»

«Amigo Sariputta, yo considero el ojo, la conciencia del ojo y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Además considero el oído, la conciencia del oído y las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Y también considero la mente, la conciencia de la mente y las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’.»

[10] {392} «Amigo Channa, ¿qué es lo que ves y conoces directamente en el ojo, en la conciencia del ojo y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’? ¿Qué es lo que ves y conoces directamente en el oído, en la conciencia del oído y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. ¿Qué es lo que ves y conoces directamente en la mente, en la conciencia de la mente y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente cuando lo consideras de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’.»

«Amigo Sariputta, es porque veo y conozco directamente el cese en el ojo, en la conciencia del ojo y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del ojo, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Es porque veo y conozco directamente el cese en el oído, en la conciencia del oído y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia del oído, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’. Es porque veo y conozco directamente el cese en la mente, en la conciencia de la mente y en las cosas cognoscibles a través de la consciencia de la mente, que lo considero de esta manera: ‘esto no es mío, esto no soy yo, esto no es mi ser’.»

[11] {393} Cuando esto fue dicho el Venerable Mahacunda dijo al Venerable Channa: «Por lo tanto, amigo Channa, a esta enseñanza del Bienaventurado se debe prestar atención continuamente: ‘para alguien que es dependiente existe vacilación; para alguien que es independiente no existe tal vacilación. Cuando no hay vacilación, hay tranquilidad. Cuando hay tranquilidad, no existe inclinación. Cuando no existe inclinación, no hay ir y venir. Cuando no hay ir y venir, no hay fallecimientos y renacimientos. Cuando no existen fallecimientos y renacimientos, no hay aquí y más allá ni nada entre los dos. Esto en sí mismo es el fin de la insatisfacción.»

[12] {394} Entonces, cuando el Venerable Sariputta y el Venerable Mahacunda ofrecieron al Venerable Channa esta exhortación, se levantaron de sus asientos y partieron de allí. Entonces, no mucho después de que se hayan ido, el Venerable Channa usó el cuchillo.

[13] Seguidamente, el Venerable Sariputta se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y dijo: «Venerable señor, el venerable Channa usó el cuchillo. ¿Cuál será su destino? ¿Cuál es su futuro nacimiento?»

«Sariputta, ¿no ha declarado el bhikkhu Channa la ausencia de lo censurable en tu propia presencia? [3]»

«Venerable señor, allí está el pueblo de los vajjianos de nombre Pubbavijjhana. Ahí el venerable Channa tuvo sus familiares amigos, íntimos familiares y familiares que lo hospedaban [4].»

«El venerable Channa, Sariputta, realmente tuvo estos familiares amigos, íntimos familiares y familiares que lo hospedaban; pero yo no digo que por esto uno se hace censurable. Sariputta, cuando uno recuesta este cuerpo y toma otro cuerpo, entonces yo digo que uno se vuelve censurable. Pero esto no sucedió en el caso del bhikkhu Channa. El bhikkhu Channa ha usado el cuchillo sin ser censurable. Esto es, Sariputta, lo que deberías recordar».

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y el Venerable Sariputta fue satisfecho y se deleitó en las palabras del Bienaventurado.

NOTA:

[1] Sattham aharissami: expresión que denota el hecho de cometer suicidio (Cf. Bodhi, 2000:1406).

[2] Bhikkhu Bodhi (2000:1406) sugiere que con estas palabras el Ven. Chanda insinúa ser un arahant. Los Comentarios parecen confirmarlo cuando desglosan «sin censura» (anupavajjam) como «sin continuas existencias, sin renacimiento» (appavattikam appatisandhikam).

[3] Los Comentarios, a lo largo de todo el sutta, consecuentemente tratan de justificar la teoría, según la cual Chunna no ha sido aún un arahant a la hora de declararlo, sino que se convirtió en tal de esta manera: «y al cortar su vena yugular, justo entonces entró en él el miedo de la muerte. Como apareció el signo del destino de su renacimiento, descubrió que aún era mundano y su mente llegó a agitarse. Ahí se estableció en el conocimiento penetrante, discernió las formaciones y alcanzó el arahantado, alcanzó en Nibbana final como uno que lo hace ‘por sí mimo’ (samasisi)». Sin embargo, se hace notorio que esta interpretación de los Comentarios está impuesta desde afuera del texto y persigue la justificación de su propia doctrina. Como señala Bhikkhu Bodhi (2000:1407): «Si uno se atiene a la real formulación del texto mismo, éste parece indicar que Channa fue un verdadero arahant ya cuando hizo su declaración, a pesar del dramático puñetazo dado por sus dos hermanos bhikkhus que fallaron en reconocerlo. La implicancia de esto, desde luego, es que un agudísimo dolor podría motivar hasta a un arahant a tomar su propia vida -no por la aversión, sino simplemente por el deseo de estar libre de un insoportable dolor».

[4] De acuerdo a la respuesta del Buda, ésta parece ser una acusación que Sariputta hace a la conducta en vida de Channa ya que el hecho de intimar con los familiares para un bhikkhu es una falta, y sin embargo Channa se auto-declaró ser «incensurable».

AN 4,170 Yugaddhana Sutta – Discurso armonioso

El Venerable Ananda describe el camino hacia el estado de arahant como uno, en el cual la perspicacia (vipassana) y tranquilidad (samatha) van de la mano.


[Leer en pali]

[170] En una ocasión, el venerable Ananda estaba residiendo en Kosambi, en el monnasterio de Ghosita. Allí se dirigió a los monjes: “¡Amigos!”

“Sí, amigo”, respondieron los monjes.

El Venerable Ananda dijo: “Amigos, quienquiera -ya sea monje o monja- que declara el logro del estado de arahant en mi presencia, todos lo hacen mediante uno de estos cuatro caminos. ¿Qué cuatro?

“Se da el caso en el que un monje ha desarrollado la visión clara precedida por la tranquilidad. A medida que desarrolla la visión clara precedida por la tranquilidad, el camino nace. Sigue ese camino, lo desarrolla, lo continúa. A medida que sigue el camino, desarrollándolo y continuándolo, sus trabas son abandonadas, sus obsesiones destruidas.

“Entonces se da el caso en el que un monje ha desarrollado la tranquilidad precedida por la visión clara. A medida que desarrolla la tranquilidad precedida por la visión clara, el camino nace. Sigue ese camino, lo desarrolla, lo continúa. A medida que sigue el camino, desarrollándolo y continuándolo, sus trabas son abandonadas, sus obsesiones destruidas.

“Entonces se da el caso en el que un monje ha desarrollado la tranquilidad en tándem con la visión clara. A medida que desarrolla la tranquilidad en tándem con la visión clara, el camino nace. Sigue ese camino, lo desarrolla, lo continúa. A medida que sigue el camino, desarrollándolo y continuándolo, sus trabas son abandonadas, sus obsesiones destruidas.

“Entonces se da el caso en el que en la mente de un monje tiene su inquietud respecto al Dhamma [Comentario: las corrupciones de la visión clara] bien bajo control. Llega un momento en que su mente se vuelve firme interiormente, se calma, y se hace unificada y concentrada. En él, el camino nace. Sigue ese camino, lo desarrolla, lo continúa. A medida que sigue el camino, desarrollándolo y continuándolo, sus trabas son abandonadas, sus obsesiones destruidas.

“Quienquiera -ya sea monje o monja- que declara el logro del estado de arahant en mi presencia, todos lo hacen mediante uno de estos cuatro caminos.”

 


 FUENTE:

Thanissaro Bhikkhu [en línea] Yuganaddha Sutta: In Tandem. http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/an/an04/an04.170.than.html (18/06/06)


Traducido por Pablo Catalán Fernández

Publicación de Bosque Theravada, 2008.

 

Ecuanimidad (y II)

    El otro extremo de ese punto medio que denominamos «ecuanimidad» es la indiferencia.

     No sé si os ha pasado, pero siempre que hablo con mis amigos del desapego y de la salida del sufrimiento, todos preguntan: «Pero, ¿eso no es como no sentir nada?» Y yo les tengo que explicar la diferencia que hay entre indiferencia y ecuanimidad.

     Si uno es indiferente, como bien nos contó Ajahn Ariyasilo, todo le da igual, y si todo le da igual, no practica. ¿Para qué? ¡Si todo me da igual!  Aunque a primera vista parezca una cosa muy tonta, el límite entre ecuanimidad e indiferencia a veces parece más confuso de lo que realmente es.

     Aprovechando el tema, y ya que he sacado a colación al venerable Ariyasilo, os contaré una historia que oí de su boca cuando vino a Madrid, y que creo que ilustra muy bien qué es eso de la ecuanimidad:

«Esta historia tiene lugar en la antigua China, como hacen todas las buenas historias. Hace mucho tiempo, había en China un anciano granjero que tenía dos hijos. El mayor le ayudaba con la siembra y la cosecha, mientras que el pequeño era demasiado niño aún para poder ni siquiera levantar los aperos de labranza. Aquel año estaba a punto de comenzar la siembra, y el granjero decidió dejar que su hijo mayor asumiese todo el trabajo, para que aprendiese a ser más responsable. Para ayudarle, estaría su buen caballo, que le había acompañado durante muchos años y que era considerado como uno de los mejores caballos de la región.

 

Así, su hijo comenzó a sembrar, pero solo la mitad del terreno, como le había indicado su padre. Tras terminar la siembra, llevó al caballo a la cuadra, satisfecho de sí mismo. Tan satisfecho estaba, que se olvidó de asegurar el listón que cerraba la cuadra. El caballo se dio cuenta de esto, y tras levantar el listón con el morro, salió galopando hacia la colina más cercana.

 

Al día siguiente, después de que el granjero viese la cuadra vacía, se le acercó su vecino, y le habló: “Oh, ya veo que tu caballo escapó debido al descuido de tu hijo. Menuda mala suerte que tienes, ¿eh?”. Nuestro granjero sonrío y le respondió: “Bueno, ya veremos”.

 

El hijo mayor, arrepentido, le preguntó a su padre si quería que realizase el resto de la siembra por sí mismo para recompensarle. Su padre le sonrió, y le dijo que no se preocupase, y que se tomara ese día de descanso. Ya pensarían qué hacer al día siguiente.

 

Cuando el joven se despertó al día siguiente y fue hacia la cuadra, no pudo creer lo que vieron sus ojos: el caballo había vuelto, y no sólo eso, sino que además se había echado novia, una hermosa yegua que pacía a su lado. El vecino, al ver al granjero, le dijo: “Así que ahora tienes dos caballos, ¿no? ¡Hay que ver la suerte que tienes!” El granjero se limitó a sonreír y dijo: “Bueno, ya veremos”.

 

El hombre le dijo a su hijo que cogiese a la yegua y la domase, para que pudieran usarla durante la siembra y luego venderla, con lo que ganarían mucho dinero. El hijo obedeció y comenzó a guiar a la yegua de un lado a otro del campo, llevándola con una cuerda. Era bueno, y como lo era tanto, se confió. La yegua se dio cuenta de esto, y fingió ser más dócil, para que el chico creyese que ya la había domado. Seguro de sí mismo, y viendo que la yegua no mostraba resistencia, el joven se atrevió a montarla. La yegua aprovechó este momento para revolcarse y tirar al chico, que cayó al suelo rompiéndose el brazo, mientras veía cómo la yegua huía hacia las colinas. Su padre vio lo que pasó, y con la ayuda de su hijo pequeño, llevaron al chico a casa, donde le colocaron el hueso y se lo entablillaron.

 

El vecino se encontró con el granjero, y le dijo: “Ya me enteré de que tu hijo se rompió el brazo, y esa yegua tan hermosa huyó a las colinas. Me parece a mí que vas a tener que terminar la siembra tú, viejo amigo. Menuda mala suerte que tienes, ¿eh?”. Nuestro granjero volvió a sonreír y solo respondió: “Bueno, ya veremos”.

 

Al día siguiente, de madrugada, se oyeron unos tremendos golpes en la puerta de la familia. El granjero salió a abrir la puerta y vio a cuatro oficiales del ejército, que le dijeron: “¡Estamos en guerra con el país vecino! ¡Hemos oído que tienes dos hijos! ¡Venimos a reclutarlos!”. El granjero, sin inmutarse, les llevó a ver a su hijo más joven, que era más pequeño que los sables de los oficiales (“No nos sirve”, dijeron), y les enseñó a su otro hijo, que dormía plácidamente con un brazo roto. Los oficiales, decepcionados, salieron de la casa.

 

Más tarde, el granjero se encontró con su vecino, que estaba llorando. “Se los han llevado”, dijo, “a mis dos queridos hijos. Puede que no vuelva a verlos nunca más…¡Qué miserable soy!”. Le preguntó al granjero si a él también le habían visitado los oficiales. El granjero le explicó lo que había ocurrido. Su vecino respondió: “¡Hay que ver la suerte que tienes!”.

 

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