Este mes quise dedicarlo a «presentar» a monjas budistas destacadas, como en el índice de autores ya está Bhikkhuni Dhammananda, comenzaré acá con Ayya Tathaaloka Bhikkhuni, venerable maestra, kalyanamitta, y hermana en el Dhamma.
Este mes quise dedicarlo a «presentar» a monjas budistas destacadas, como en el índice de autores ya está Bhikkhuni Dhammananda, comenzaré acá con Ayya Tathaaloka Bhikkhuni, venerable maestra, kalyanamitta, y hermana en el Dhamma.
05:30 – Despertar
06:00 – Práctica + Qi Gong
09:00 – Desayuno
10:30 – Práctica
14:00 – Comida
16:15 – Práctica
18:15 – Té
19:00 – Práctica + preguntas y respuestas
21:00 – Cena (fruta y yogur, opcional)
22:00 – Práctica individual o descanso
Ese fue el horario que seguimos en el retiro. Esta vez, me encargué de avisar a todo el mundo con las campanas, así que me levantaba un cuarto de hora antes para despertar al resto. Esto me permitió observar cómo mis miedos a molestar, etc. aparecían y desaparecían. Una práctica muy interesante.
Ajahn Abhinando es un tipo majete, que habla unos cuantos idiomas, entre ellos un muy buen español, aunque debido a que había estado en Italia recientemente y que llevaba un tiempo sin hablarlo, tuvo unos pequeños gazapos de lo más divertidos, como cuando dijo «demos gracias a los frailes del convento por hospitalizarnos» o «no soy un buen ejemplar», incluso cuando se refirió a esta web como «TheraBosque».
Su enseñanza (como le gusta hablar, fue bastante abundante) giró en torno a la «presencia» (la conciencia, mente original, «eso que sabe», que yo también equiparo con el concepto de vacuidad mahayana), y en cómo el entrenamiento de sati (atención) y samadhi (concentración) nos permitían observar nuestras sensaciones, emociones, pensamientos, etc. e independizarnos de ellos: eso que observa la ira no está enfadado, y por eso nos permite responder a la situación desde otro punto. Hizo una analogía que sacó de Ram Dass: «Cuando empecé mi práctica, tenía muchas neurosis, y pensé que, con el tiempo, desaparecerían. No fue así. Fue mi relación con ellas lo que cambió: al prinicpio era como vivir en un apartamento pequeño lleno de muebles, con los que me chocaba a cada paso; ahora, los muebles siguen allí, pero la habitación es mucho más grande».
También nos enseñó técnicas para manejar emociones desarrolladas por terapeutas modernos, «por si nuestra presencia no es suficientemente firme», habló de psicología infantil y adulta, recalcó la importancia de la pacuiencia en el camino y charló de la vida monástica («nunca será lo que te esperas», nos dijo, «porque nunca la has experimentado antes»): opinaba que ambos caminos -laico y monástico- eran igualmente válidos, y que cada uno tenía sus propios problemas asociados.
Alguien le hizo una pregunta sobre qué hacer si el deseo sexual aparecía durante la meditación, y respondió sonriendo: «Es una buena pregunta que hacerle a un monje. La respuesta es: nada. Lo observas, lo abrazas, y ya se irá.. Nos contó cómo cuando empezaba a ser monje le costaba mucho aguantar el deseo, y cómo escuchar que su maestro en Sri Lanka, de 65 años, todavía tenía deseo, le había desesperado bastante.Y os podría contar muchas anecdotillas más, pero no me extenderé.
La comida no estuvo muy allá, pero estaba tan agradecido por tener cosas que comer que no le di mucha importancia. La residencia la compartíamos con chavales jóvenes que se quejaban de la campana a las 5 y media, y a los que veíamos volver de fiesta a las 7 cuando estábamos meditando caminando. Además, el día antes de irnos el abad del convento (nos alojamos en el Real Monasterio de Santo Tomás, en Ávila) nos dio una visita guiada por el lugar, en la que rompimos el noble silencio y quizás nos relajamos demasiado. Pero también fue una práctica interesante, como convivir con un compañero de habitación con el que no podías hablar.
Los compañeros de retiro muy majos todos, pude hablar con alguno de ellos al terminar y compartir experiencias y visión de la práctica.
Y, pasito a pasito, seguimos andando. Os dejo con una foto de grupo que hicimos al final:

Llevo un tiempo retrasando esto. Por pereza, llevo más de un mes sin escribir sobre mi visita al monasterio Wat Pa Cittaviveka (Chithurst Buddhist Monastery, en West Sussex, Inglaterra), a principios de Julio de este año.
Era la primera vez que iba a un monasterio budista. Tenía miedo de lo que iba a encontrarme, y me sentía un poco descolocado. Nada más llegar, conocí a Gian Luca, un italiano que compartiría habitación conmigo esos cinco días, y un tailandés cuyo nombre no recuerdo y que, pensé, también se iba a quedar unos días.
Resultó no ser así. Aquella noche, por una extraña casualidad, se celebraba la Asalha Puja (que, a día de hoy, todavía no sé qué conmemora) y mi amigo tailandés – que posteriormente me deseó lo mejor, y me dijo que cuando nos volviésemos a ver quizás ya sería monje – había acudido al monasterio explícitamente para la «fiesta». El hall de meditación (el de la foto de arriba), presidido por una estatua de Buda, estaba lleno de gente (muchos de los cuales remarcaron cuánto buen kamma tenía yo si había caído en el monasterio en esa fecha eligiéndola al azar), los monjes y monjas delante y los laicos detrás. Cantaron, meditamos y después Ajahn Sucitto, el abad, dijo que nos reuniríamos más adelante para volver a meditar y más cosas (que no entendí en el momento, pero que incluían ir a presentar ofrendas a un templete -el de la foto de abajo- mientras todo el mundo alrededor cantaba con unas cuantas varas de incienso en la mano). Ni que decir tiene que encontrarme de lleno con todos los rituales budistas me dejó confuso, y unido al dolor de cabeza que empezó a generarse detrás de mi ojo derecho, me hizo sentirme muy miserable, deseando volverme a casa lo antes posible.
A la mañana siguiente, desayunamos gachas de avena, que no son precisamente de mi gusto, lo que acentuó el sentimiento de rechazo. Poco a poco, no obstante, entre sentadas, ayudar en la cocina, leer libros zen y darme cuenta de que todo el mundo a mi alrededor era muy amable conmigo (a pesar de que no hablé casi con los monjes), me fui relajando.
Además, celebrando que por esas fechas empezaba el vassa, la comunidad monástica celebró un pequeño retiro de meditación al que los laicos que estábamos por allí podíamos acudir si no teníamos nada más que hacer (es decir, cocinar, limpiar, etc). Esto provocó que al final no pudiese experimentar lo que es la rutina del día a día monástico, ¡porque todos los días parecía celebrarse algo nuevo!
Entre los libros zen, las malas sentadas y las horas muertas después de la última sentada antes de la puja nocturna, mi mente entró en un estado de confusión profunda, unida al rechazo y la soberbia con la que entré en el monasterio («bah, yo sé mucho más que esos«), que hizo mi vida bastante miserable en algunos momentos. Llegué incluso a perder la fe en el budismo, en el Nibbana, y en el sentido de mi vida.
En esas estábamos, cuando me encontré con casualidad a Ajahn Thanuttaro, que es amigo de Jerome Lamarlere (el jefazo de la Asociación de Meditación Vipassana), y al que había tenido ocasión de conocer en Madrid el año pasado, y me dejó un borrador del que será su primer libro, «Blistered feet, blissful mind», sobre sus experiencias de tudong alrededor de Inglaterra. Leyéndolo, recuperé el frescor que tanto me había gustado del budismo en primer lugar, esa sabiduría urbana, esa risa contagiosa (Thanuttaro se ríe cada dos frases, e incluso cuando no habla, mira a cualquier cosa y se ríe), y la sentada de aquella tarde fue increíble. Estaba de nuevo en el camino, y todo era maravilloso. Esa noche Ajahn Sucitto dio una charla y todo encajaba a la perfección. La vida me sonreía. Eso fue el día antes de irme.
Al día siguiente, Thanuttaro me invitó a desayunar en su kuti, y estuvimos charlando de la vida en Tailandia, las diferencias culturales con los tailandeses, el trato a los monjes occidentales allí («nos miman demasiado», me decía), y muchas cosas más. Fue agradable. Raro, pero agradable no obstante. A esas alturas el que algo fuera raro o no ya no me importaba. Después de comer, me despedí de todo el mundo, con cierta emoción, y volví al mundo real.
El aeropuerto estaba llendo de luces, la gente corría de un lado para otro, y las tiendas estaban llenas de objetos que me pedían que los comprase para alcanzar la verdadera felicidad (o para perder 20 kilos en dos días, depende. ¿Esto era así antes de que me fuese? No me di cuenta de lo distinta que era la vida dentro del monasterio cuando entré…
Un mes después, entro en el aeropuerto y todo me parece normal. It’s a long way to the top, que decía el otro. ¿O no?
PD: la ceremonia de ofrenda de comida a los monjes era bastante divertida. Después de tirarnos unas 3 horas cocinando para todo el monasterio, dejábamos todo en grandes fuentes sobre la mesa de la cocina, y un par de monjes llegaban mientras los laicos levantaban las fuentes y se las ofrecían (de todo esto me enteré el día antes de irme, a pesar de que ayudé en cocina casi todos los días). Ellos las cogían y las volvían a dejar en la mesa (a veces, solo levantaban una esquina de la fuente, porque quemaba), y posteriormente iban al hall, donde esperaban el resto de los monjes, y le decían al abad que la comida ya estaba lista, a lo cual se levantaban todos en dirección a la cocina. Cuando volvían, los laicos nos íbamos a comer, y les dejábamos comer en el hall.

Esta mañana he ido a comprar una cosa a la farmacia y la farmacéutica me ha devuelto mal el cambio (faltaban 10 céntimos de euro, que no son nada). Tras pensármelo un momento, he decidido no decirle nada y me he ido a casa.
Sin embargo, a pesar de haber dejado la situación atrás, mi cabeza todavía seguía dándole vueltas. ¿Debería haberle dicho algo? ¿Hice bien? ¿No? Tras unos segundos, me di cuenta de que estaba enzarzado absurdamente y decidí soltar (el inglés «let go»).
Luego seguí caminando hasta casa.
La gracia está en que cualquiera de las dos opciones (decirle a la farmacéutica que se ha equivocado o no hacerlo) es razonable, y podemos perfectamente elegir una u otra, pero una vez hecha la elección, no hay vuelta atrás, y no tiene sentido seguir preguntándose. Acepta el pasado, vive el presente, sigue adelante.
Ahora, ¿cómo se suelta? Eso os lo dejo a vosotros…
Hace poco más de una semana tuve un dolor bastante fuerte, en el tiempo que llevo en tratamiento no había tenido uno similar. No sólo no me podía poner en pie sino que en unos segundos ya incluía calambres. Así que intenté mantenerme en posición fetal con bastante tensión, esperando que obtuviera un poco de alivio, cosa que no sucedió en los 5 minutos que estuve así, hasta que llegaron e intentaron que me calmara. En ese momento no quería saber de la existencia de la calma, quería algo para el dolor. Hasta aquí, seguía siendo otra mortal pretendiendo que llegara la solución a sus problemas en una píldora (poca cosa, jajaja).
Sin embargo, calmarme no era tan mala idea. Primero tenía que distensionar el cuerpo, aunque sentía que el dolor aumentaba junto con mi ritmo cardiaco, y luego seguir el curso de una meditación como cualquier otra. El dolor no mejoró en el primer minuto, sólo pensaba en cómo me dolía y cuán desesperadamente requería de mi médico, que estaba de rondas y demoraría varios minutos.
Una vez pude centrarme en la respiración caí en cuenta que no tenía ni idea de dónde estaba localizado el dolor, es decir, tenía idea de que sentía dolores en muchas partes pero no de ese dolor con d mayúscula. Parecía un buen comienzo. Cuando pude tenerlo claro el dolo quedarme ahí resultó en que disminuyera la sensación desagradable y, progresivamente, también los calambres en piernas y brazos. Ya no sentía dolor.
Así estuve hasta que, por fin, llegó el médico. Colocaron un par de medicamentos en líquidos y dormí las siguientes horas.
Desde entonces trabajo para eliminar los dolores que surgen de cuando en cuando con la meditación. En ocasiones se me dificulta hasta concentrarme, me cuesta respirar o me duele mucho la cabeza; pero en otras, sencillamente me siento notablemente mejor. Efectivamente, el ejercicio de atención es mucho más riguroso, de forma tal que la mente (bueno, la mía :-p) progresivamente sea más aguda.
No estoy intentando reemplazar la medicina (ya quisiera yo ^^), pero sé que puedo llegar a eliminar el dolor físico, que a veces no tiene que ver con mi estado actual sino con factores nada controlables como el clima o los vientos de la noche.
Para terminar, sólo me resta decir que encontré un nuevo significado a «ir al refugio» y a «refúgiate en la práctica» (como dice un muy estimado amigo). No se trata de un medio para una satisfacción mundana, que me deje de sentir dolor porque es incómodo; encontré una medicina «alternativa» para mi situación, me permite concentrarme, evaluar mis reacciones ante el dolor físico y apegos no percibidos con anterioridad, y hallar una solución al malestar mental producto de mi situación actual.
Mettaya & Mudita,
Reflexionando sobre la complejidad de las enseñanzas del Buda (tal y como aparecen en el Sutta Pitaka, y como se puede observar en el Wings to Awakening de Thanissaro Bhikkhu), pensé que quizás no sea oro todo lo que parece, y que la mayoría de términos que usó Gotama quizás se solapen, ya que se pueden corresponder con distintos enfoques del sendero, enseñados a personas distintas.
Nuestro trabajo, así, sería coger uno de estos enfoques (ya sea el Óctuple Noble Sendero, o los Siete Factores de Iluminación, etc) y seguirlo hasta el fin…No sé, es una pequeña impresión.
¿Qué opináis vosotros?
Aunque los términos dialécticos “Hinayana” y “Vehículo inferior” realmente aparezcan en los textos, el lector debería entender que podría ser un gran error asociar estos términos con cualquier tradición budista existente, aún menos con la estilizada tradición monástica de la Escuela del Sur “Theravada” después de que fuera una de las grandes escuelas del budismo temprano indio.En más de 25 años de contacto con las comunidades del Dharma, nunca he encontrado a un budista sincero que no sintiese compasión por otras personas y no les deseara los beneficios del Dharma. Esto es todo lo que deberíamos requerir para ser admitidos en la inmensa comunidad del “Gran Vehículo” o “Mahayana”. Con seguridad uno querría incluir como Bodhisattvas a monjes como los Venerables Sumedho y Amaro, quienes han sacrificado décadas de su vida a la extensión del Dharma.Las palabras “Hinayana” y “Vehículo inferior” son las mejor guardadas para aquellos desafortunados en cualquier tradición que se apartan del verdadero espíritu del Dharma y que explotan su retórica para su propio beneficio.
Hace unos días, nuestra querida Upasika me pasó un vídeo (no sé si a vosotros también) en el que se mostraba a un par de ermitaños chinos hablando sobre el camino. El vídeo estaba sacado de la película «Amongst white clouds» que trata del viaje del director a las montañas de la China profunda, donde se va encontrando con diversos ermitaños que dedican su vida al camino.
Ver este vídeo me llenó de paz. Más allá de naturalezas búdicas y demás conceptos que separan el Chan/Zen del Theravada, estos ermitaños parecían la viva imagen del Dhamma. Esa simplicidad, esa sabia sonrisa…el vídeo llega justo en el momento orpotuno, cuando mi práctica me ha llevado a replantearme lo que espero del Dhamma, cuál es la esencia del camino, etc. Es algo que me cuesta explicar con palabras.
Al mismo tiempo, un nuevo contacto de Facebook me ha descubierto a un maestro zen, un tal Ryokan, otro ermitaño de estos de vida simple y sonriente. Quizás es justo ahora cuando estoy preparado para recibir este tipo de enseñanzas, estas palabras crípticas y aparentemente sin sentido, la poesía de ver el mundo momento a momento, detalle a detalle…esto me hace querer sumergirme en el zen, llenarme de él, ver lo que pasa, y sin embargo, una y otra vez me veo repelido por conceptos y palabras distintas, y enfoques distintos. ¿Qué busco que no tenga ya? El deseo viene y se va, y solo queda el ruido del ordenador, y el olor raro del cojín.
Perdonadme el venazo zen (aunque ni siquiera sé si el zen es esto).
Os dejo con un poema de Ryokan:
Demasiado perezoso para ser ambicioso,
dejo que el mundo se cuide a sí mismo.
Arroz para diez días en mi bolsa;
un haz de ramas al lado de la chimenea.
¿Por qué parlotear sobre la ilusión y la iluminación?
Escuchando la lluvia nocturna en mi tejado,
me siento cómodamente, con las dos piernas estiradas.
Pregunta de Julio:
Con respecto a anapanasati, me encuentro explorando las instrucciones básicas de meditación de Ajahn Brahmavamso. Estaba antes intentándolo- ¿coincidencia?- con el método 1 y 2 de Ajahn Lee ( entiendo que el 2 es el preferido por Ajahn Thanissaro). Estoy tratando de discernir si simplemente ocupo uno hasta lograr éxito, o si recurro a ellos como un arsenal dependiendo del estado de la mente en cada «sentada». ¿Alguna recomendación al respecto?
Diferentes meditadores parecen responder de manera diferente a estas prácticas por lo que yo te sugeriría que practicaras ambos métodos durante un buen tiempo. Lo que deberías evitar es mezclar los métodos, especialmente en las fases iniciales. Cada método de meditación tiene su propio mecanismo interno de comprobación y reajuste, y hasta que estés muy familiarizado con ellos, no apreciarás los matices de cada enfoque. Lo mejor que puedes hacer es centrarte en un método, inténtalo lo mejor y tan preciso como puedas, durante unas semanas, luego intenta el otro método, olvidándote del método anterior e intentando hacer el nuevo tan genuinamente como te sea posible. Como al aprender cualquier habilidad, una vez que estes familiarizado con ella, puedes relajarte y disfrutar del viaje.
Traducido del inglés por DhammaJosé
Julio’s question
Regarding anapanasati, I’m now exploring Ajahn Brahmavamso’s basic meditation instructions. Before I had tried (coincidence?) with Ajahn Lee’s methods 1 and 2 (I understand that Ajahn Thanissaro prefers method 2). I’m trying to decide if I simply take one of them till success, or if I resort to them as if they were an arsenal, depending on the state of the mind in each sitting. Any advice on this respect?
Different meditators seem to respond differently to these practices, so I would simply suggest giving each method a good go. What you should avoid is mixing up the methods, especially in the early stages. Each meditation method has its own set of inner checks and balances, and until you are very familiar with them you won’t appreciate the particular nuances of each approach. Best to do just one method, try it as best and as precisely as you can, for a few weeks, then try another method, forgetting the previous method and trying to do the new one as authentically as possible. Like learning any skill, once you are familiar you can relax and just enjoy the ride.
Pregunta de Julio:
Muy agradecido a los amigos-as de Bosque Theravada por la excepcional posiblidad de formular preguntas a Bhikkhu Sujato. Muchas gracias, venerable. Me encuentro estudiando su respuesta. Vengo de salida de una tradición donde se tiene una particular visión sobre como desarrollar vipassana a partir de las sensaciones corporales (sí, la tradición de Goenka) y por lo mismo quería pedirle nuevas orientaciones al respecto. Mi inglés es lo suficientemente malo para no lograr entender bien vuestra visión sobre vipassana como una cualidad mental en vez de como una técnica meditativa (tal como creo lo plantea en A Swift Pair of Messengers). Entiendo que Samatha y Vipassana van complementándose mutuamente, pero ¿podría explayarse en cómo operacionalizar el desarrollo de vipassana a partir de samatha? ¿Es vipassana contemplar silenciosamente la impermancencia- surgir y desaparecer- de los fenómenos (sean ellos la respiración, las sensaciones o lo que surja en la experiencia?), es una destreza cognitiva de ir preguntando y descubriendo (ejemplo: «ajá, si la mente se calma la respiración también lo hace») o es una especie de intuición que conduce a la mente a nivel no verbal a ensayar ciertas estrategias para comprender su propia naturaleza?
Querido Julio,
Sí a todas tus preguntas: se puede desarrollar vipassana de todas las maneras que mencionas, y más. Al igual que samatha (tranquilidad mental) que se puede desarrollar con muchas técnicas diferentes, también vipassana (discernimiento, perspicacia) surge de muchas maneras. Esto es, muy simplificadamente, a lo que me refiero cuando digo que vipassana es una cualidad de la mente, no una técnica de meditación. Las técnicas de meditación son simples herramientas que utilizamos para ayudar a que surja la verdadera sabiduría. Los textos, especialmente el Thera y Theri-gathas, están repletos de meditadores que alcanzaron el conocimiento profundo (insight) de maneras ciertamente poco ortodoxas. Por esto es por lo que soy cauteloso en cuanto a un acercamiento a la meditación demasiado esquematizado o rígido: lo verdaderamente importante comienza a suceder en el extremo lejano de la técnica de meditación. Lo cual cambia el hecho, naturalmente, de que la técnica de meditación puede ser utilizada para llegar a ese otro extremo lejano (recuerda el símil de la balsa http://www.bosquetheravada.org…Itemid=534)
Si quieres desarrollar vipassana basado en samatha, mi consejo es éste. Practica samatha tanto como puedas. No te sientas satisfecho con obtener un poco de calma, y luego pensar, ahora puedo ponerme a investigar. De esa manera nunca encontrarás el verdadero samadhi. Lleva la mente tan dentro de samadhi como puedas cada vez. Cuando sientas que la meditación se está volviendo pesada – es decir, que tu mente está perdiendo energía o interés – entonces ponte a investigar. Sentir este punto es una habilidad que se aprende con el tiempo. Tu investigación en esta fase debería comenzar dentro del ámbito de la misma práctica de samatha. Pregúntate ¿cuáles fueron las causas que obstaculizaron o ayudaron a la mente durante la meditación? En este punto estás practicando la investigación de los obstáculos y factores de la iluminación conforme a la sección dhammanupassana del satipatthana. Al practicar de esta manera, la claridad de mente que hayas obtenido a través de samatha está ayudando a tu vipassana, mientras que el proceso de investigación ayudará a tu samatha, aclarando lo que es útil o perjudicial para la meditación.
Este nivel de reflexión pudiera permanecer enteramente mundano (estoy utilizando esta palabra en su sentido normal, ¡no en el uso del abhidhamma técnico!). A menudo, sin embargo, encontrarás que la mente empieza a ir hacia dentro, sumergiéndose por debajo y a través de su objeto inicial, por decirlo de alguna manera, y penetrando bajo la piel de las cosas. Cuando esto sucede, encontrarás a menudo algún tipo de reacción emocional: la mente está excitada o aterrada, o curiosa, sobre esta novedosa y más genuina forma de ver. Este nivel de firmeza de tu samatha ayudará a mantener una consciencia clara de lo que estás viendo. Desde aquí, tu investigación se vuelve más intuitiva, siguiendo el camino del Dhamma, deshaciéndose de las capas del apego y de la ilusión.
Julio’s question:
Thanks a lot, venerable. I’m now studying your answer. I come from a tradition where there’s a particular vision about how to develop vipassana using body sensations (yes, it’s Goenka’s tradition) and so I’d like to ask you for new guidelines on this respect. My English is bad enough to not understand your vision of vipassana as a mental quality instead of a meditative technique (as I believe you present it in “A swift Pair of Messengers”). I understand that samatha and vipassana complement each other, but, could you please explain how to operate the development of vipassana starting from samatha? Is vipassana to contemplate silently the impermanence –arising and disappearing- of phenomena (be they breathing, sensations, or whatever arises in our experience)? Is it a cognitive skill of asking and finding out (e.g. “Aha! So if the mind calms down, the breathing calms down too”) or is it a kind of intuition that leads the mind to a non-verbal level of testing certain strategies to understand its own nature? Regarding anapanasati, I’m now exploring Ajahn Brahmavamso’s basic meditation instructions. Before I had tried (coincidence?) with Ajahn Lee’s methods 1 and 2 (I understand that Ajahn Thanissaro prefers method 2). I’m trying to decide if I simply take one of them till success, or if I resort to them as if they were an arsenal, depending on the state of the mind in each sitting. Any advice on this respect?
Dear Julio,
Yes to all the above: vipassana may be developed in all the ways you mention, and more. Just as samatha (peace of mind) may be developed with many different techniques, so too vipassana (discernment) arises in all kinds of ways. This is, very simply, what I mean when I say vipassana is a quality of mind, not a meditation technique. The meditation techniques are simply the tools we use to help arouse the true insight wisdom. The texts, especially the Thera and Theri – gathas, are replete with example of meditators who reached insight in highly unorthodox ways. This is why I am cautious about an overly schematized or rigid approach to meditation: the real stuff starts to happen on the far side of the meditation technique. Which does change the fact, of course, that the meditation technique can be useful in getting to that far side (remember the simile of the raft…. http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/mn/mn.022.than.html)
If you wish to develop vipassana based on samatha, my advice is this. Take the samatha as far as you can. Don’t be satisfied to get a bit of calm, and then think, now I can do some investigating. That way, you’ll never find true samadhi. Take the mind as deep into samadhi as you can, every time. When you feel that the meditation is getting over the hill – that your mind is losing energy or interest – then turn to inquiry. Sensing this point is a skill to learn over time. Your inquiry at this stage should start within the scope of the samatha practice itself. Ask yourself, what were the causes for the hindrance or helping of the mind during meditation? At this point you are practicing the investigation of the hindrances and awakening factors as per the dhammanupassana section of satipatthana. Practicing in this way, the clarity of mind you have gained through samatha is helping your vipassana, while the process of investigation will help your samatha, by making clear what is useful or harmful for meditation.
This level of reflection might remain entirely mundane (I’m using this word in the normal sense, not the technical abhidhamma usage!). Often enough, however, you will find the mind starts to go inward, plunging under and through its initial object, so to speak, and penetrating under the skin of things. When this happens, you will often find some kind of emotional reaction: the mind is excited, or horrified, or curious, about this newer, truer way of seeing. At this point the steadiness of your samatha will help to maintain a clear awarenes of what you are seeing. From here, your investigation becomes more intuitive, following the way of the Dhamma, peeling off layers of attachment and delusion.