Mi primer retiro

Desde que comencé la práctica de la meditación esta era la primera vez asistí a un retiro de meditación con todas las formalidades del mismo. He de reconocer que tenía muuuchas ganas de poder asistir este año, algo que meses atrás parecía no tener cabida en mi agenda planificada.

Poco antes de irme hablé con un monje amigo mío que, al residir en la actualidad en Myanmar, conoce a la perfección las reglas y la dinámica del mismo (de hecho, hacía pocas semanas había regresado de uno en un monasterio cerca a Yangoon). Pero contra cualquier expectativa que pudiese albergar en cuanto a sus palabras al respecto del retiro, lo único que pronunció fue «lo vas disfrutar, confío en que lo aprovecharás… y hablaremos a tu regreso».

Los primeros días 

Una vez fuimos instalados en las habitaciones, se dio comienzo con una charla administrativa junto a la primera noticia: no íbamos a hablar con compañero alguno durante el retiro. He de reconocer que la idea me pareció fantástica, mientras otros respiraron profundamente a mi se me salió una sonrisa. Luego, la explicación sobre las comidas, el horario y otras reglas; una vez terminó, fui por mi cojín de meditación y su correspondiente tapete porque tendríamos nuestra primera meditación antes de ir a la cama.

El primer día fue bastante interesante, porque a falta de ruido externo tenía uno interior al que no sabía cómo ponerle silencio, como solía decir un maestro al que frecuentaba «tenés la loca interior alborotada», pasé medio día sin lograr callarla, por lo que ignorarla y trabajar sobre la meditación fue mi mejor opción… poco a poco se iba silenciando, se quedaba sin qué decir, medir, analizar, planear, etc., etc., etc. Fue interesante «escucharme» (y de paso, «ignorarme»), ¿cómo es que uno no se enloquece teniendo esa voz interior que de rato en rato parece pensar por sí misma? Ala, que de esa forma la palabra «paz» sale del diccionario. Finalmente, el primer día cierra con una charla y un dolor de piernas mayúsculo… fueron 10 horas de meditación a las que no estaba acostumbrada.

Los siguientes dos días mejoraron en el campo de la meditación, comencé a concentrarme con mayor facilidad permitiéndome llevar el ritmo de las instrucciones… y una que otra vez hacia trampa con la postura, intenté cuatro posturas diferentes y ninguna la toleraba más de 30 minutos (ni siquiera lograba acomodarme como lo hacía en casa y me permitía estar sentada todo el tiempo que quisiera).

Practicando Vipassana

Para el cuarto día comenzamos formalmente con vipassana (que duraría por el resto del retiro) y ahora teníamos 14 horas diarias de meditación, y después de la instrucción recordé cierta conversación con Pablo al respecto, tuve que hallarme dentro de la técnica con la mayor disposición posible y dejando de lado «el archivo histórico» de las meditaciones interiores. Para ese día ya se había tocado el tema cuán dolorosa es la postura y cuán inquieto puede llegar a ser uno, y tras el comentario sobre lo importante que es la misma y lo impermanente que es el dolor, la única afirmación que surgió en mi cabeza fue «fíjate ya casi llegas al punto en el que no te pueden doler más, así que no noo no te muevas»… primer resultado: llegué a la celda arrastrando los pies jajaja, hacía mucho tiempo que no tenía semejante dolor. Segundo resultado: no dormí la mitad de la noche, no por la postura sino por la meditación, según había entendido en algunos ese es un «efecto secundario», el resto de la noche no estuve dormida, pero tampoco despierta así como en las horas de descanso de ese día y en las siguientes noches.

Para el siguiente día ya iba por el segundo «efecto secundario»: no tenía hambre. Esta vez no podía arriesgarme con el tema de la alimentación, tenía que comer y no había discusión (una de las reglas era no ayunar e ingerir alimento en el almuerzo)… estuve tres días así antes de que regresara temporalmente el apetito, que sumado a no dormir más de 4 horas me daban más horas para meditar.

El séptimo día.. inolvidable

El séptimo día fue bastante difícil, perdí la concentración y comencé a preocuparme aunque las advertencias al respecto debían ir por la número 20, al menos. Después de pasar 50 minutos por el tema, pasé la siguiente hora y media de meditación en Anapana. Si fue correcto o incorrecto no lo sé, pero incorrecta la preocupación desapareció. Por la tarde, decidí ir a meditar en mi celda (prefería estar en la sala de meditación) y me llevé un susto que supo sacarme de la meditación hasta que se nos permitiera regresar a la sala de meditación; más tarde, al comentar con el maestro sobre el episodio en cuestión tras una sonrisa contestó «que no se te olvide respirar»… casi un minuto después me dio risa, es que a veces se «me olvida» respirar (:D) y ya se podrán imaginar que sucede, pero el maestro también se refería a que volviera a la respiración si tenía alguna dificultad en vez de interrumpir la meditación.

«Observa el dolor»… esa fue mi tarea por lo que quedó del séptimo día. La escasa concentración de ese día fueron obvias con el dolor que me aquejaba, varios minutos me costó controlar la angustia que me producía la sensación, luego el observarla parecía que amplificaba el dolor pero eludirla no aminoraba el dolor. Casualmente ese día se nos volvió a hablar sobre la incomodidad que produce la postura y el hecho de que tal dolor desaparecía si lográbamos que fuera mental (bueno, si viéramos que era mental), pero eso no lo logré, me dolía y no había nada que pudiera hacer para aliviar el dolor.

Practicando la atención a la hora de comer… 

Esto fue la novedad del cuarto día; bueno, no era solo para comer, pero si practicaba la atención a la hora de la ducha a las 3:45 iba a tener una larga fila de fans en la puerta de la ducha (lol). Volviendo a la comida, fue extraño volver a hacerlo y leeeeeento, afortunadamente no tenía mucho p0r comer :D. La primera comida sólo fue lenta,  y me dejó 30 minutos menos de descanso. Ya para el segundo día comenzó a cambia mi actitud hacia la comida y la práctica comenzó a traer frutos facilitándome también algunas focalizaciones de la atención que debíamos practicar sobre los órganos internos que me traían de los pelos. Ahora hasta el té de la merienda sabía diferente, bueno no era el té sino la sensación que producía beberlo lo que era ‘diferente’ y ya no necesitaba 3 tazas para calmar el frío descomunal que nos acompañó cuatro días.

Los últimos días 

Para los días restantes ya teníamos casi 16 horas de meditación programadas y se dió una nueva instrucción. Este nuevo «ejercicio» me costó más trabajo, al punto de que no creí que estuviera haciendo bien lo que se nos pedía y la duda es mala compañía. Tres veces más fueron repetidas las indicaciones y lo único claro tras disipar el «tal vez no entendí la instrucción» fue «nada de objetivos», no había por qué arruinar el trabajo.

El último día de estancia no me resultaba del todo «emocionante», básicamente se nos permitía hablar y llegado el momento de «la libertad de palabra» no moví un sólo músculo para sumarme a la alegría de muchos, sencillamente no quería hablar, no conocía a nadie y tampoco me hallaba dispuesta a socializar, yo a eso no iba; por tanto, pasé la siguientes hora en la sala de meditación intentando ignorar el ruido externo… pero como tal actitud no es eterna, a la hora del almuerzo me provocaba tener un letrero que dijera «no me hable, gracias», pero eso tampoco se podía así que alguien intentó sobrellevar una conversación conmigo (y yo que me había sentado estratégicamente en una esquina….) y lo único que obtuvo ante su pregunta «¿cómo te has sentido?» fue un sencillo y seco «bien», porque ni a la cara miré a aquella persona ni al resto de la mesa.

El resto de la tarde tuvimos 4 horas de meditación nada más y las otras 3 o 4 horas fueron para socializar. Realmente me estaba costando montones el tema de «personas + conversación», alguien que sabía mi nombre (¿?) comenzó a hacerme preguntas y a mi me sudaban las manos de sólo ver como había gente que se acercaba a oir la conversación de cuando en cuando y de ver que seguían las preguntas… en media hora, habían unas 12 personas sentadas en un cuadrado de no más de metro y medio y a mi se me iba a salir el corazón, con un poco de vergüenza tuve que pedirle a algunos que disminuyeran su tono de voz y buscaba una manera de cortés de escabullirme y retirarme a mi habitación… ni modo, no podía hacer que se callaran hasta la hora de la meditación en la sala. Llegó el té de la tarde y luego las últimas dos horas de meditación, hasta que saliendo para mi habitación alguien quería conversar! «Respira, reeespira, reeeespira», ya se «normalizaba» la situación.

Cerré el retiro complacida con la estancia en el centro, la dirección que tomó mi práctica y con las indicaciones del maestro (especialmente con las finales). Las conversaciones diarias estuvieron de lujo, nos comentó varios Suttas (algunos conocidos) así como nos explicaba términos del «argot budista» desde su raíz hasta su  contexto en las escrituras, obviamente todos los días le escuchábamos hablar sobre la meditación. Volví al departamento en la ciudad y entre festividades, bocinas y multitudes, encuentro un poco de paz y tranquilidad y me asiento en una nueva perspectiva.

Conversación con un monje de Wat Pah Nanachat

Sala de meditación

Supongo que leyendo las entradas de este blog sobre Wat Pah Nanachat habréis pensado que posiblemente lo más interesante de visitar el monasterio sería hablar con un monje.

Eso mismo pensé yo. El único problema es que llegué a Wat Pah Nanachat justo cuando los monjes habían acabado de comer. Vi a dos novicios: uno fue el que me dijo las zonas que podía visitar (si recordáis el mapa del monasterio se veía que Wat Pah Nanachat es bastante grande). También me dijo si quería fotografiar la casa de los laicos que lo hiciera desde el camino que llevaba de la entrada a una sala de meditación que hay apartada.

 

Sala de meditación

 

Allí me dirigí, y tuve mucha suerte de ver a un monje. Él parecía eludirme, pero me acerqué a él para preguntarle por el feto que había en una vitrina. Os muestro las fotos (pulsar en ellas para ampliarlas).

 

Vitrina

 

 

 

 

 

De esta forma comenzamos a hablar, por supuesto en inglés, pero al preguntarme de donde era y decirle que español resultó que él era alemán, pero su madre era española, y él hablaba español. ¡Eso sí que fue tener suerte: estar en Tailandia, en Wat Pah Nanachat , encontrar sólo un monje y encima que hable español!

Así que estuvimos conversando un rato. Se llamaba José Manuel.

Le pregunté por los monjes y me dijo que acababan de comer y que estaban meditando. A él le costaba meditar después de comer.

Me contó que en Wat Pah Nanachat eran unas 40 personas, entre laicos, novicios y monjes. En Wat Pah Nanachat hay hombres y mujeres. Si una persona quiere ordenarse monje debe estar seis meses como laico. Si la shanga le acepta, pasa a ser novicio, visten de blanco, y después de un año de novicio, si de nuevo la shanga lo acepta, es ordenado monje. Tras ordenarse monje, se tiene profesor durante cinco años. Este profesor puede decidir enviarte a otro monasterio. Me contó que ahora hay pocos iluminados («enlighteneds», me dijo) y que la forma de aprender del profesor era distinto a como se hacía antes.

En la web de Wat Pah Nanachat dicen que si se quiere ir a estar unos días o más tiempo debe escribirse una carta y enviarla con antelación (de hecho yo la envié, pero nunca recibí contestación). El monje me dijo que realmente no era necesario, que llegabas al monasterio y te quedabas. Me dijo que normalmente aceptaban a todo el que quisiese ser novicio y después monje, aunque también me dijo que se habían dado casos de personas, sobre todo occidentales,  que se ponían muy nerviosas e incluso agresivas.

 

 

Monje

 

 

Me dijo que allí lo mejor era dejarse llevar y aceptar las cosas tal como son. En su opinión, los occidentales estamos acostumbrados a perseguir objetivos, a vivir siempre persiguiéndolos, y que allí eso no funcionaba. En referente a este tema de dejarse llevar, me contó que ellos se inclinaban ante la estatua de Buda, pero que hay mucha gente que diría que eso no es budismo.

En la próxima entrega del blog os seguiré contando la conversación.

Primera verdad: sufrimiento

Ésta, oh monjes, es la Noble Verdad del Sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, asociarse con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo deseado es sufrimiento. En breve, los cinco agregados de la adherencia son sufrimiento.

Ayer, cuando iba al cine con mis amigos, me crucé con un grupo de chavales que estaban rodeando a otro que estaba tumbado en el suelo. Al principio, pensé que sería otro chico más que se había pasado bebiendo, que sus colegas estaban llamando a la ambulancia, y que pronto vendrían a llevárselo. Es decir, nada fuera de lo normal. Pero pronto vimos un reguero de sangre en el suelo, y a un chico cogiéndose el brazo, que sangraba, mientras gritaba: «¡Le voy a matar!¡Déjame que le mate!», mientras un amigo suyo intentaba tranquilizarle. Bien, pensé, este chico y el que estaba en el suelo se han pegado, y ahora está todo bajo control, mientras esperan a la ambulancia o la policía.

 

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Los carteles en los árboles de Wat Pah Nanachat

Cartel

 

Por todo Wat Pah Nanachat se pueden ver carteles en los árboles. Estos carteles sirven de recordatorio de las enseñanzas, y en mi opinión, también para que el monje y los laicos estén atentos. Al ver los carteles uno se pregunta a sí mismo si está atento, y si no lo está se esfuerza.

Muchos son de madera y casi todos tienen letras de distinto tamaño, para así recalcar las palabras.

Os muestro algunos que me llamaron la atención. Están en inglés. Si mi traducción no es correcta decídmelo. Pulsad en las fotos para ampliarlas.

 

Cartel

 

Si tienes tiempo para respirar tienes tiempo para meditar. Ajahn Chah.

 

Cartel 

 

No nos hacemos monjes para comer bien, dormir bien y estar cómodos, sino para conocer el sufrimiento y cómo no causarlo. Ajahn Chah.

 

Cartel 

 

De los senderos, el Óctuple Sendero es el mejor. De las verdades, las Cuatro Nobles Verdades. El desapego es el mejor de los estados mentales y de los hombres, el hombre de visión clara.

Dhammapada, 273

Visita a Wat Pah Nanachat V

Pirámide de cristal

 

Siguiendo con la visita a Visita a Wat Pah Nanachat y habiendo visto ya la cocina-comedor y la sala de meditación grande, toca el turno de ver la pirámide de cristal.

Este edificio también se ve desde la rotonda de entrada y llama la atención. No es muy grande, pero es realmente bello. Está formada por mármol, cristal, etc… como podéis ver en la foto. Fijaros en la rueda del Dhamma que hay en la entrada. Los carteles que se ven también en la entrada son para recordar que hay que quitarse los zapatos para entrar. Pulsad las fotos para ampliarlas.

  

Pirámide de cristal 

 

La pirámide es también una sala de meditación, aunque mucho más pequeña que la que os enseñé en la entrada anterior del blog. En la pirámide de cristal hay también un altar. Como veis en la foto en el mismo hay una imagen de Buda y a ambos lados retratos de venerables maestros de la tradición del bosque: a vuestra izquierda Phra Ajahn Mun Bhuridatto y a vuestra derecha Ajahn Chah.

 

Altar 

 

La pirámide tiene una parte cubierta y otra descubierta, como se ve en la foto

 

Pirámide de cristal 

 

Espero que os haya gustado este edificio tanto como a mí.

 

Visita a Wat Pah Nanachat IV

Exterior de la sala de meditación

 

Hoy os voy a mostrar una de las dos salas de meditación que se observan desde la rotonda de entrada de Wat Pah Nanachat. Os voy a mostrar la sala grande. Recordad que la otra sala es la pirámide de cristal, que es mucho más pequeña.

Os muestro primero una foto del exterior. Pulsad las fotos para ampliarlas.

 

Exterior de la sala de meditación

 

Ahora una del interior. Como podéis ver la sala de meditación es bastante grande. Está llena de ventiladores.  Hay cuadros de Ajahn Chah y también aquí está el plano del monasterio, que ya os mostré en entradas anteriores, así como las labores a realizar por cada uno de los laicos que viven en el monasterio.

 

Interior de la sala de meditación 

 

Al fondo de la sala se pueden apreciar varias imágenes de Buda y a vuestra izquierda una imagen de Ajahn Chah.

 

Ampliación del altar:

 

Altar con varias figuras

 

Os muestro la imagen de Ajahn Chah en la siguiente foto:

 

Imagen de Ajahn Chah

 

 

AN 3,101 Lonaphala Sutta – Discurso con el cristal de la sal

Este sutta se puede interpretar como una respuesta budista a la pregunta sobre «¿por qué a las buenas personas, a veces, les va mal, mientras que las malas, a menudo prosperan?».


[Leer en pali]

[101] “Monjes, para cualquiera que diga: ‘Cuando una persona realiza una acción (kamma) de una determinada manera, de la misma manera va a experimentar su resultado’, no existe una vida santa, ni la oportunidad de poner fin al sufrimiento. Pero, para cualquiera que diga: ‘Cuando una persona realiza una acción (kamma), cuyos resultados han de ser experimentados, los mismos llegarán a su cumplimiento’, existe una vida santa y la oportunidad de poner fin al sufrimiento.

“Está el caso del individuo, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno, mientras que a otro individuo, esta misma insignificante mala acción, lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

“Ahora bien, ¿qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno? Este es el caso, monjes, de alguien que no cultiva la contemplación del cuerpo, no desarrolla la virtud ni la mente. No tiene discernimiento y su vida es limitada, miserable y dolorosa. Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno.

“Y, ¿qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento? Este es el caso, monjes, de alguien que cultiva la contemplación del cuerpo, desarrolla la virtud y la mente. Tiene discernimiento, es de gran corazón y su vida es inconmensurable. Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

“Suponed, monjes, que un hombre echara un cristal de la sal en un diminuto vaso de agua. ¿Qué pensáis: podría el agua contenida en el pequeño vaso llegar a ser salada y no apta para beber?”

“Sí, venerable señor”.

“¿Por qué?”

“Por la pequeña cantidad del agua contenida en un diminuto vaso, venerable señor, un cristal de la sal podría hacer salada el agua y no apta para beber”.

“Ahora suponed, monjes, que un hombre echara un cristal de la sal al río Ganges. ¿Qué pensáis: podría el agua contenida en el río Ganges llegar a ser salada y no apta para beber?”

“No, venerable señor”.

“¿Por qué?”

“Por la gran masa del agua contenida en el río Ganges, venerable señor, un cristal de la sal no podría hacer salada el agua ni hacerla no apta para beber”.

“De la misma manera, monjes, una insignificante mala acción lleva a un individuo directamente al infierno, mientras que a otro individuo, esta misma insignificante mala acción, lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno? Este es el caso, monjes, de alguien que no cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno.

“¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento? Este es el caso, monjes, de alguien que cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

“Además, monjes, está el caso de alguien que está preso por una deuda equivalente a medio euro [1] , o está preso por un euro o por cien euros. Pero también, está el caso de personas que, por más que deban medio euro, un euro o cien euros, no están presas por causa de estas deudas. ¿Y qué clase de individuos, monjes, está presa por deber medio euro… un euro… cien euros? Este es el caso de alguien que es pobre, que tiene pequeñas posesiones y riquezas. Esta clase de individuos, monjes, es la que está presa por deber medio euro… un euro… cien euros. ¿Y qué clase de individuos, monjes, no está presa por deber medio euro… un euro… cien euros? Este es el caso de alguien que es rico, que tiene muchas posesiones y riquezas. Esta clase de individuos, monjes, es la que no está presa por deber medio euro… un euro… cien euros.

“De la misma manera, monjes, una insignificante mala acción lleva a un individuo directamente al infierno, mientras que a otro individuo, esta misma insignificante mala acción, lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno? Este es el caso, monjes, de alguien que no cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno.

“¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento? Este es el caso, monjes, de alguien que cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

“Esto se parece también a un carnicero de cabras, quién está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca con aquella persona que roba las cabras, pero no está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca con otra persona que también roba las cabras. ¿Qué clase de personas un carnicero de cabras, está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca cuando roban las cabras? Este es el caso de alguien que es pobre, que tiene pequeñas posesiones y riquezas. Ésta es la clase de personas que un carnicero de cabras, está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca, cuando roban las cabras. ¿Y qué clase de personas un carnicero de cabras no está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca cuando roban las cabras? Este es el caso de alguien que es rico, que tiene muchas posesiones y riquezas. Ésta es la clase de personas que un carnicero de cabras, no está autorizado a golpear, amarrar, matar o hacer lo que le plazca, cuando roban las cabras.

“De la misma manera, monjes, una insignificante mala acción lleva a un individuo directamente al infierno, mientras que a otro individuo, esta misma insignificante mala acción, lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno? Este es el caso, monjes, de alguien que no cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva directamente al infierno.

“¿Y qué clase de individuo es aquel, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento? Este es el caso, monjes, de alguien que cultiva la contemplación del cuerpo… Ésta es la clase de individuo, monjes, cuya insignificante mala acción lo lleva a experimentar sus consecuencias aquí y ahora, y apenas por un momento.

“Por eso, monjes, para cualquiera que diga: ‘Cuando una persona realiza una acción (kamma) de una determinada manera, de la misma manera va a experimentar su resultado’, no existe una vida santa, ni la oportunidad de poner fin al sufrimiento. Pero, para cualquiera que diga: ‘Cuando una persona realiza una acción (kamma), cuyos resultados han de ser experimentados, los mismos llegarán a su cumplimiento’, existe una vida santa y la oportunidad de poner fin al sufrimiento.

 


NOTA:

[1] En el original, kahaapa.na, una moneda equivalente a media corona. Los traductores al inglés utilizan nombres de las monedas actuales propias –half a dollar (“medio dólar”, Thanissaro Bhikkhu) y halfpenny (“medio penique”, F.L. Woodward), respectivamente- para tratar de contextualizar el significado.


FUENTES:

“Lonakapallasuttam” en Chattha Sangayana, CD-Rom, versión 3.

THANISSARO BHIKKHU [en línea] Lonaphala Sutta: The Salt Cristal.http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/an/an03/an03.099.than.html (18/06/2006)

WOODWARD, F.L. (2006) “A grain of salt” en The Book of Gradual Sayings (Anguttara Nikaya) or More-Numbered Suttas. Vol. I: Ones, Twos, Threes. Lancaster, Pali Text Society. Págs. 227-230.


Traducido por Anton P. Baron

Editado por Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2008, 2009.

 

 

Visita a Wat Pah Nanachat III

Carteles en la cocina

 

Hoy voy a daros más detalles de la cocina-comedor de Wat Pah Nanachat ya que quiero que veáis algunas cosas que me parecieron interesantes.

En la entrada a la cocina se pueden ver dos carteles con fotos e historia de Wat Pah Nanachat. En estos dos carteles se cuenta de forma resumida la historia el budismo, el estilo de vida monástica, el budismo Theravada y la tradición del bosque etc.

Pulsa en las fotos para ampliarlas.

 

Carteles en la cocina 

 

Podéis ver estos carteles, aunque en formato abreviado, en:

http://www.forestsangha.org/com/InfoFlyerWPN.PDF

 

Al entrar en la cocina me encontré con otro panel-cartel. Este sí que me llamó la atención y estuve un buen rato mirando las fotos.  Es un mapa del mundo con todos los monasterios que pertenecen a la tradición de Ajahn Chah.

 

Mapa del mundo monasterios.

 

El listado está accesible en http://www.watnongpahpong.org/sakhananae.php pero el cartel con el mapa del mundo y las localizaciones de los monasterios con sus maestros es impresionante.

¡Ojalá dentro de poco tiempo aparezca en ese mapa un monasterio en España!

 

También hay otro cartel donde se indica cómo deben comportarse los laicos en Wat Pah Nanachat

 

 Comportamiento esperado de los laicos

 

Por último, una foto de las recomendaciones que se hacen a las personas que llegan a Wat Pah Nanachat. Pido disculpas por la calidad de alguna foto. Las repetí muchas veces pero no salieron bien.

 

Recomendaciones