Recta acción

Del artículo Las Cuatro Nobles Verdades, por Anton Baron.

Mientras que el recto hablar se refiere al cuarto precepto budista, este paso del Óctuple Sendero hace referencia a las restantes cuatro recomendaciones.

El más importante, sin duda, es el de abstenerse de infringir algún dolor de manera consciente y voluntaria a nosotros mismos, a las demás personas o algún otro ser vivo. Cuando uno se pregunta sobre la causa de esta actitud, sobre la fuente de la cual proviene semejante facilidad que tenemos de ser crueles, inhumanos y violentos, muchas veces descubrimos que son los miedos e inseguridades bien escondidos en nuestro interior, relacionados con lo que queremos proyectar como nuestra persona, como el “yo”, los que se encargan de producir estar conductas violentas. La meditación budista, orientada principalmente al descubrimiento de la futilidad de nuestro ego que tanto apreciamos, es una buena herramienta para liberarse de dichos temores y, por ende, disminuir nuestra agresividad y la tendencia de causar dolores.

Cuando al Buda se le pidió que resumiera de manera más sucinta su enseñanza, simplemente dijo: “Absténganse de todo lo que no es sano o que puede ocasionar daños, practiquen el bien y purifiquen su corazón”: en esto consiste, en resumidas cuentas, practicar la correcta acción en nuestras vidas. En la tradición budista, este principio se traduce en unas reglas prácticas como la de no guardar el odio, no actuar impulsado por la aversión, no matar a personas ni animales, entre otras. Cuando se menciona este último tema, lo usual es que empieza a surgir la polémica sobre si el budismo requiere de sus seguidores que sean vegetarianos, sobre si pueden matar a los insectos, etc. Aunque es cierto que no todos los budistas son vegetarianos, de hecho los monjes de la tradición Theravada no pueden serlo, porque viviendo exclusivamente de la ofrenda no pueden discriminar entre una u otra comida que les sea regalada, el hecho de consumir la carne o no, no es lo más importante. Antes bien, lo que propone el budismo es procurar a conectarse con la vida y cuidar de ella. Comprender que formamos parte de este universo y estamos, de alguna forma, interconectados con todo lo que respira o tenga algún tipo de vida. Como lo expresó un maestro, cada uno debe pensar y responder la siguiente cuestión: ¿te imaginas que apareciste en este mundo como caído de un planeta o, más bien, piensas que llegaste a existir como un árbol que surgió, creció y se desarrolló a partir de una semilla? ¿Cuál de los dos cuadros se ajusta mejor a la visión que tienes de ti mismo y del mundo? Imaginarnos en este segundo plano, nos llevará a sentir más solidaridad e identidad con toda la manifestación de la vida existente en este universo. De esta forma, el principio de no causar voluntariamente daño alguno, tendrá también su lado positivo: el de cultivar el respecto, si no reverencia, por la vida y el sentimiento de la interconexión entre todos los seres vivos.

 

 

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Recta acción, el cuarto paso del Óctuple Sendero, tiene múltiples aplicaciones.
En “Dhammapada”, por ejemplo, encontramos al respecto los siguientes versos:

«Me maltrató, me golpeó, me derrotó, me robó.
El odio de aquellos que almacenan tales pensamientos jamás se extingue…
Quienes no albergan tales pensamientos se liberan del odio.
El odio nunca se extingue por el odio en este mundo; solamente se apaga a través del amor.
Tal es la antigua ley eterna» (Dhammapada 1,5)

 

El recto actuar encierra también en sí, el segundo de los mencionados preceptos, a saber, el de no hurtar. Mientras que restringirse de hacer daño implica un trabajo mental relacionado con los sentimientos del odio, la abstención de tomar cosas ajenas requiere trabajar con la codicia. Demanda examinar nuestro corazón para descubrir dónde están puestas nuestras esperanzas y nuestros deseos. Este precepto también tiene su lado positivo que consiste en, no sólo restringir nuestras acciones para no robar, sino además, practicar la generosidad, el compartir y el desprendimiento. Se trata de comprobar por nuestra propia cuenta la veracidad de aquella frase de Jesús cuando dijo “Hay más alegría en dar que en recibir”.

El tercer precepto relacionado con la recta acción hace referencia a la conducta sexual. Como ninguno de estos preceptos pretende ser un mandamiento absoluto proveniente de alguna divinidad, también en este caso cada uno debe interpretarlo de acuerdo a su propia experiencia, sabiduría y circunstancias. El principio básico es evitar que una conducta sexual lastime o haga daño. Tradicionalmente, los budistas lo interpretan también en categoría de abstenerse de cometer adulterio, el incesto y de las relaciones con los menores. El lado positivo, consistiría en cultivar la energía relacionada con el amor y la intimidad dentro de una relación apropiada.

El último precepto concerniente a la abstención de las bebidas alcohólicas u otras drogas intoxicantes apunta al corazón mismo de la enseñanza budista que consiste en la práctica de una continua atención consciente. De hecho, el vocablo «buda” se traduce mejor no como “iluminado” sino como “despierto”. El estar despierto, consciente de lo que pasa aquí y ahora a nuestro alrededor y en nosotros mismos es la meta última de la meditación y medio para la liberación. Oscurecer o nublar aún más la mente, que de por sí ya se encuentra confusa a causa de las impurezas provenientes de nuestros recuerdos, ansiedades, odios e insatisfacciones, con los efectos del alcohol u otras drogas, es simplemente una acción contraproducente en este camino. El camino budista de meditación consiste en despertar del falso sueño y ser lo más consciente posible, de modo que el hecho de adormecer en un sueño alcohólico es contrario a este meta.

Algunos seguidores de este camino interpretan el quinto precepto como un llamado a la abstención absoluta, mientras que otros aceptan las bebidas alcohólicas en pequeñas cantidades mientras las mismas estimulen o produzcan energías y eliminen inhibiciones, pero evitan la intoxicación etílica o embriaguez. Pero también en este caso, antes de discutir los aspectos negativos de este precepto, conviene más centrase en su opuesto lado positivo: no sólo se trata de evitar las falsas ilusiones de las drogas y bebidas, sino de practicar concienzudamente la atención y la auto-conciencia. Cuando alguien empiece a experimentar los beneficios de permanecer atento y consciente, jamás va a querer oscurecer su mente con algunas sustancias con efectos embriagantes o alucinógenos, exista o no, algún precepto que lo prohíba.