Ven. Tuccho Pothila

Una plática informal ofrecida en las cercanías del kuti de Ajahn Chah al grupo de personas laicas, durante una tarde de 1978.

Por Ven. Ajahn Chah

Lp008Hay dos formas de ayudar al Budismo. Una es conocida como amisapuja, ayudar a través de ofrendas materiales. Estos son los cuatro requisitos de comida, vestimenta, morada y medicinas. Esto es ayudar al Budismo dando ofrendas materiales al Sangha de monjes y monjas, permitiéndoles vivir en una comodidad razonable para la práctica del Dharma. Esto nutre la comprensión directa de la enseñanza del Buda y a su vez trae prosperidad continua a la religión Budista.

El Budismo puede ser comparado con un árbol. Un árbol tiene raíces, un tronco, ramas, ramitas y hojas. Todas las hojas y ramas, incluyendo el tronco, dependen de las raíces para absorber los nutrientes del suelo y enviarlos a ellas. De la misma forma en que el árbol depende de sus raíces para sustentarlo, nuestras acciones y nuestras palabras son como ramas y hojas que dependen de ‘la mente’, la raíz, absorbiendo nutrientes, que luego manda al ‘tronco’, ‘ramas’ y ‘hojas’. Estos a su vez dan los frutos: nuestras palabras y acciones. Cualquiera sea el estado en que está la mente, benéfico o perjudicial, expresa esa cualidad hacia fuera a través de nuestras acciones y palabras.

Por ello, la ayuda del Budismo a través de la aplicación práctica de la enseñanza es la clave más importante de ayuda. Por ejemplo, en la ceremonia de determinar los preceptos en días de observancia, el Maestro describe aquellas acciones perjudiciales que deben ser evitadas. Pero si simplemente pasáis por la ceremonia de determinar los preceptos sin reflexionar sobre su significado, el progreso es difícil. Seréis incapaces de encontrar la práctica verdadera. La ayuda real del Budismo debe, por ende, ser hecha a través de patipattipuja, la ‘ofrenda’ de la práctica, cultivando verdadera moderación, concentración y sabiduría. Entonces sabréis de qué se trata el Budismo. Si no comprendéis por la práctica aún no sabréis, incluso si aprendéis todo el Tipitaka.

En los tiempos de Buda había un monje conocido como Tuccho Pothila. Tuccho Pothila era un letrado, completamente versado en las escrituras y los textos. Era tan famoso que era respetado por la gente en todos lados y tenia dieciocho monasterios a su cuidado. Cuando la gente escuchaba el nombre de Tuccho Pothila estaba aterrada y nadie se atrevía a cuestionar nada de lo que enseñaba, tanto respetaban su dominio de las enseñanzas. Tuccho Pothila era uno de los discípulos más instruidos del Buda.

Un día fue a presentar sus respetos al Buda. Mientras estaba presentando sus respetos, el Buda dijo: “¡Ah, hola, Venerable Escritura Vacía!”… ¡Así mismo! Conversaron por un rato hasta fue el tiempo de irse, y entonces, cuando se estaba despidiendo del Buda, éste le dijo: “Oh, ¿yéndose, Venerable Escritura Vacía?

Eso fue todo lo que dijo el Buda. Al llegar: “¡Ah, hola, Venerable Escritura Vacía!” Y cuando era tiempo de irse: “Oh, ¿yéndose, Venerable Escritura Vacía?” El Buda no se explayó sobre ello, esa fue toda la enseñanza que dio. Tuccho Pothila, el maestro eminente estaba perplejo: “¿Por qué dijo eso el Buda? ¿Qué quiso decir?” Pensó y pensó meditando sobre todo lo que había aprendido, hasta que finalmente se dio cuenta… “¡Es verdad! ‘Venerable Escritura Vacía’—un monje que estudia pero que no practica.” Cuando miró dentro de su corazón vio que él no era diferente de la gente laica, en realidad. A lo que ellos aspiraban, él también aspiraba, de lo que disfrutaban, él también disfrutaba. No había un verdadero samana[1] dentro de él, no había una verdadera cualidad profunda capaz de establecerlo firmemente en el Camino Noble y darle la verdadera paz.

Así que decidió practicar. Pero no había donde ir. Todos los maestros en los alrededores eran sus propios estudiantes, ninguno se atrevía a aceptarlo. Generalmente, cuando la gente que se encuentra con su maestro se vuelve tímida y deferente, así que nadie se atrevía a ser su maestro.

Finalmente fue a ver a cierto novicio joven, que era iluminado, y le pidió de practicar bajo su tutela. El novicio dijo: “Sí, puedes practicar conmigo, pero sólo si eres sincero. Si no eres sincero no te aceptaré”. Tuccho Pothila se comprometió a ser estudiante del novicio.

Entonces el novicio le dijo que se pusiera todo su hábito completo. Resulta que había un lodazal turbio cerca. Cuando Tuccho Pothila se había puesto prolijamente todo su hábito completo, que también era caro, el novicio dijo: “Bien, ahora corre dentro de ese lodazal turbio. Si no te digo que pares, no pares. Si no te digo que salgas, no salgas. Bien… ¡corre!

Tuccho Pothila con su hábito pulcro, se metió en el lodazal. El novicio no le dijo que se detuviera hasta que estuvo completamente cubierto de lodo. Finalmente dijo: “puedes parar ahora”… así que se detuvo. “¡Bien, sube ahora!… Y entonces salió.

Esto mostró claramente que Tuccho Pothila había dejado su orgullo. Estaba listo para aceptar la enseñanza. Si no hubiera estado listo para aprender no hubiera corrido dentro del lodazal así, siendo un maestro tan famoso, pero lo hizo. El novicio joven, viendo esto, supo que Tuccho Pothila estaba sinceramente decidido a practicar.

Cuando Tuccho Pothila hubo salido del lodazal, el novicio le dio la enseñanza. Le enseñó a observar los objetos sensoriales, a conocer la mente y a conocer los objetos sensoriales usando el símil de un hombre cazando una lagartija escondida en un montículo de termitas. Si el montículo tuviera seis agujeros, ¿cómo la atraparía? Tendría que sellar cinco de los agujeros y dejar uno abierto. Entonces simplemente tendría que mirar y esperar, vigilando este único agujero. Cuando la lagartija saliera corriendo él podría atraparla.

Observando la mente es así. Cerrando los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y el cuerpo, dejamos sólo la mente. “Cerrar” los sentidos significa restringirlos y calmarlos, observando sólo la mente. La meditación es como cazar la lagartija. Usamos sati para notar la respiración. Sati es la cualidad de atención, como al preguntaros: “¿Qué estoy haciendo?” Sampajañña es la consciencia de ‘ahora estoy haciendo esto y esto’. Observamos las inhalaciones y las exhalaciones con sati y sampajañña.

Esta cualidad de atención es algo que surge de la práctica, no es algo que puede ser aprendido de los libros. Conoced los sentimientos que surgen. La mente puede estar bastante inactiva por un momento y luego surge un sentimiento. Sati trabaja en conjunto con estos sentimientos, reuniéndolos. Hay sati, el pensamiento de que ‘Hablaré’, ‘Iré’, ‘Me sentaré’, etc., y luego hay sampajañña, la consciencia de ‘ahora estoy caminando’, ‘me estoy acostando’, ‘estoy experimentando tal y tal estado de ánimo’. Con esas dos cosas, sati y sampajañña, podemos conocer nuestras mentes en el momento presente. Sabremos cómo reacciona la mente ante impresiones sensoriales.

Aquello que es consciente de los objetos sensoriales es llamado ‘mente’. Los objetos sensoriales ‘entran’ en la mente. Por ejemplo, hay un sonido, como la cepilladora eléctrica aquí. Entra por nuestro oído y viaja por dentro hasta la mente, que reconoce que es un sonido de una cepilladora eléctrica. Aquello que reconoce el sonido es llamado ‘mente’.

Ahora bien, esta mente que reconoce el sonido es bastante básica. Es sólo la mente corriente. Quizás surge molestia dentro de éste que reconoce. Debemos además entrenar a ‘él que reconoce’ para que sea ‘él que sabe’ de acuerdo con la verdad—conocido como Buddho. Si no sabemos claramente de acuerdo a la verdad, entonces nos molestamos por sonidos de gente, autos, cepilladoras electrónicas, etc. Esta es sólo la mente ordinaria sin entrenar, reconociendo el sonido con fastidio. Sabe de acuerdo a sus preferencias, no de acuerdo a la verdad. Debemos luego entrenarla para saber con visión y percepción, ñanadassana[2], el poder de la mente refinada, para que conozca al sonido simplemente como un sonido. Si no nos aferramos al sonido no hay molestia. El sonido surge y simplemente lo notamos. Esto es llamado conocer realmente el surgimiento de los objetos sensoriales. Si desarrollamos el Buddho, comprendiendo claramente al sonido como sonido, entonces no nos molesta. Surge de acuerdo a las circunstancias, no es un ser, un individuo, un yo, un ‘nosotros’ o ‘ellos’. Es sólo sonido, la mente lo deja.

Este conocimiento es llamado Buddho, el conocimiento que es claro y penetrante. Con este conocimiento podemos dejar que el sonido sea simplemente sonido. No nos molesta a menos que lo molestemos pensando: “No quiero escuchar ese sonido, es molesto”. El sufrimiento surge por pensar así. Aquí mismo está la causa del sufrimiento, que no sabemos la verdad de ese asunto, no hemos desarrollado aún el Buddho. Aún no somos claros, aún no estamos despiertos, aún no somos conscientes. Esta es la mente cruda, sin entrenar. Esta mente no nos es aún verdaderamente útil.

Por ello el Buddha enseñó que esta mente debe ser entrenada y desarrollada. Debemos desarrollar la mente así como desarrollamos el cuerpo, pero lo hacemos de una forma diferente. Para desarrollar el cuerpo debemos ejercitarlo, corriendo por la mañana y por la tarde, etc. Esto es ejercitar el cuerpo. En consecuencia, el cuerpo se vuelve más ágil, fuerte, los sistemas respiratorio y nervioso se vuelven más eficientes. Para ejercitar la mente no tenemos que moverla por ahí, pero si hacerla parar, hacerla descansar.

Por ejemplo, cuando practicamos meditación tomamos un objeto, como la inhalación y la exhalación, como nuestra base. Esto se vuelve el foco de nuestra atención y reflexión. Notamos la respiración. Notar la respiración significa seguir la respiración con consciencia, notando su ritmo, su ir y venir. Ponemos consciencia en la respiración, siguiendo las inhalaciones y exhalaciones naturales y dejando todo lo demás. Como consecuencia de quedarse en un objeto de consciencia, nuestra mente se vuelve fresca. Si dejamos que la mente piense sobre esto, aquello y lo otro, hay muchos objetos de consciencia, la mente no se unifica, no llega a descansar.

Decir que la mente se detiene significa que se siente como si la mente haya parado, no anda corriendo por aquí y allá. Es como tener un cuchillo filoso. Si usamos el cuchillo para cortar cosas indiscriminadamente, como piedras ladrillos y pasto, nuestro cuchillo pronto se desafilará. Deberíamos usarlo para cortar sólo las cosas para las cuales fue pensado. Nuestra mente es igual. Si dejamos que la mente vaya tras pensamientos y sentimientos que no tienen valor o utilidad, la mente se pone cansada y débil. Si la mente no tiene energía, la sabiduría no surgirá, porque la mente sin energía es la mente sin samadhī.

Si la mente no se ha detenido no podéis ver claramente los objetos sensoriales como son. El conocimiento que la mente es la mente, los objetos sensoriales son meramente objetos, es la raíz de la cual el Budismo ha crecido y se ha desarrollado. Este es el corazón del Budismo.

Debemos cultivar la mente, desarrollarla, entrenándola en calma y percepción. Entrenamos a la mente para tener moderación y sabiduría dejando que la mente se detenga y permitiéndole que surja la sabiduría, conociendo a la mente así como es.

Sabéis, la forma en que somos los seres humanos, las forma en que hacemos las cosas, es igual que la de niños pequeños. Un niño no sabe nada. Para un adulto que observa la conducta de un niño, la forma en que juega y salta, sus acciones no parecen tener ningún propósito. Si nuestra mente no está entrenada, es como la de un niño. Hablamos sin consciencia y actuamos sin sabiduría. Quizás caemos en la ruina o causamos daño incalculable y ni siquiera lo sabemos. Un niño es ignorante, juega como lo hacen los niños. Nuestra mente ignorante es igual.

Así que deberíamos entrenar a esa mente. El Buda enseñó a entrenar la mente, ‘a enseñar a la mente’. Aún si ayudamos al Budismo con los cuatro requisitos, nuestra ayuda todavía es superficial, solo alcanza la ‘corteza’ o la ‘albura’ del árbol. La ayuda verdadera al Budismo debe ser hecha a través de la práctica, en ningún otro lugar, entrenando nuestras acciones, palabras, y pensamientos acordes a las enseñanzas. Esto es mucho más fructífero. Si somos rectos y honestos, poseídos por la moderación y la sabiduría, nuestra práctica traerá prosperidad. No habrá motivo de rencor y hostilidad. Así es como nuestra religión nos enseña.

Si fijamos los preceptos simplemente por tradición, entonces aún si el Maestro enseña la verdad, nuestra práctica será deficiente. Quizás seamos capaces de estudiar las enseñanzas y de repetirlas, pero tenemos que practicarlas si realmente queremos comprender. Si no desarrollamos la práctica, esto quizás sea un obstáculo para nuestro penetrar en el corazón del Budismo, para incontables vidas venideras. No entenderemos la esencia de la religión Budista.

Por eso la práctica es como una llave, la llave de la meditación. Si tenemos la llave correcta en nuestra mano, no importa cuán fuertemente esté cerrada la cerradura, si tomamos la llave y la giramos, la cerradura se abre. Si no tenemos la llave no podemos abrir la cerradura. Nunca sabremos que hay en el cofre.

En realidad hay dos clases de conocimiento. Uno que sabe el Dharma no lo dice simplemente de memoria, dice la verdad. La gente mundana generalmente habla de memoria, y lo que es más, generalmente habla con presunción. Por ejemplo, suponed que hay dos personas que no se han visto por mucho tiempo, quizás hayan ido a vivir a provincias o países diferentes por un tiempo, y entonces un día se encuentran en el tren… “¡Oh, qué sorpresa! ¡Justo estaba pensando en visitarte!”… En realidad no es verdad. Realmente no habían pensado en el otro en absoluto, pero lo dicen así por excitación. Y así se vuelve una mentira. Sí, es mentir por negligencia. Esto es mentir sin saberlo. Es una forma sutil de imperfección, y sucede muy a menudo.

Así que en lo que concierne a la mente, Tuccho Pothila siguió las instrucciones de novicio: inspirar, espirar… atentamente consciente de cada respiración… hasta que vio al mentiroso dentro suyo, el mentir de su propia mente. Vio las imperfecciones mientras aparecían, igual que la lagartija saliendo del montículo de termitas. Las vio y percibió su propia naturaleza tan pronto como surgieron. Notó como en un minuto la mente proyectaba una cosa, y al momento siguiente otra.

Pensar es un sankhata dhamma, algo que es creado o urdido de las condiciones de apoyo. No es asankhata dhamma, lo no condicionado. La mente bien entrenada, una con perfecta consciencia, no proyecta estados mentales. Esta clase de mente penetra en las Nobles Verdades y trasciende toda necesidad de depender de lo externo. Saber las Nobles Verdades es saber la verdad. La mente proliferante intenta evitar esta verdad, diciendo: ‘esto es bueno’ o ‘esto es bello’, pero si hay Buddho en la mente no puede engañarnos más, porque conocemos a la mente como es. La mente no puede crear más estados mentales engañosos, porque está la consciencia clara de que todos los estados mentales son inestables, imperfectos, y una fuente de sufrimiento para él que se aferra a ellos.

Dondequiera que iba, ‘el que sabe’, estaba constantemente en la mente de Tuccho Pothila. Observó las diferentes creaciones y proliferaciones de la mente con comprensión. Vio cómo la mente mentía en tantas formas. Comprendió la esencia de la práctica, viendo que “Esta mente mentirosa es a la que hay que vigilar—ésta es la que nos lleva a los extremos de la felicidad y el sufrimiento, y la que nos hace girar infinitamente en el ciclo del Samsara, con su placer y dolor, bien y mal—todo por ella”. Tuccho Pothila se dio cuenta de la verdad y comprendió la esencia de la práctica, así como un hombre agarra la cola de la lagartija. Vio el funcionamiento de la mente errada.

Para nosotros es lo mismo. Sólo esta mente es importante. Es por eso que hablan de entrenar a la mente. Ahora bien, si la mente es la mente, ¿con qué vamos a entrenarla? Teniendo sati [3] y sampajañña [4] continuamente, seremos capaces de conocer a la mente. Éste, ‘el que sabe’, es un paso más allá de la mente, es aquello que conoce el estado de la mente. La mente es la mente. Aquello que conoce a la mente como simplemente mente es ‘el que sabe’. Está a un paso más allá o adelante de la mente. ‘El que sabe’ está a un paso más allá de la mente, y así es como es capaz de cuidar a la mente, de enseñarle a saber que está bien y que está mal. Al final todo vuelve a esta mente proliferante. Si la mente está atrapada en sus proliferaciones no hay consciencia y la práctica no da fruto.

Así que debemos entrenar a esta mente para escuchar el Dhamma/Dharma, para cultivar el Buddho, la consciencia clara y radiante, aquello que existe por encima y más allá de la mente común y que sabe todo lo que sucede dentro de ella. Por esto meditamos sobre la palabra Buddho, de modo que podamos conocer a la mente más allá de la mente. Sólo observad todos los movimientos de la mente, tanto buenos como malos, hasta que ‘el que sabe’ se dé cuenta de que la mente es simplemente mente, no un yo o una persona. Esto es llamado cittanupassana, ‘Contemplación de la Mente’ [5]. Viendo en esta forma comprenderemos que la mente es Transitoria, Imperfecta y Sin Dueño. Esta mente no nos pertenece.

Podemos resumir así: La mente es aquello que conoce objetos sensoriales; los objetos sensoriales son objetos sensoriales distintos de la mente; el que sabe conoce a ambos, a la mente y a los objetos sensoriales, por lo que son. Debemos usar sati, hasta un gato la tiene cuando se dispone a cazar un ratón. Un perro la tiene cuando le ladra a la gente. Esta es una forma de sati, pero no es sati de acuerdo a Dhamma. Todos tienen sati, pero hay diferentes niveles de ella, así como hay diferentes niveles de mirar las cosas. Es como cuando digo de contemplar el cuerpo, alguna gente dice: “¿Qué hay que contemplar en el cuerpo? Todos pueden verlo. Ya podemos ver kesa, ya podemos ver loma [6]…ya podemos ver el cabello, las uñas, los dientes y la piel. ¿Y qué?

Así es como es la gente. Puede ver el cuerpo, sí, pero su ver es defectuoso, no lo ve con el Buddho, ‘el que sabe’, el que despertó. Solo ve el cuerpo de la forma común, lo ve visualmente. Simplemente ver el cuerpo no es suficiente. Si sólo vemos el cuerpo hay problemas. Debéis ver el cuerpo dentro del cuerpo, entonces las cosas se ven mucho más claras. Sólo viendo el cuerpo sois engañados por él, encantados por su apariencia. Al no ver su Transitoriedad, su Imperfección y su Falta de Dueño, surge kamacchanda [7]. Os fascináis por las formas, sonidos, olores, sabores y sentimientos. Ver de esta forma es ver con el ojo mundano de la carnalidad, haciéndonos amar odiar y discriminar entre agradable y desagradable.

El Buda enseñó que esto no es suficiente. Debéis ver con el ‘ojo de la mente’. Ver el cuerpo dentro del cuerpo. Si realmente miráis dentro del cuerpo… ¡Uf! Es tan repulsivo. Hay cosas de hoy y hay cosas de ayer todas mezcladas allí dentro, no podéis decir qué es qué. Ver en esta forma es mucho más claro que ver con el ojo carnal. Contemplad, mirad con el ojo de la mente, con el ojo de la sabiduría.

La comprensión de la gente difiere de esta manera. Alguna gente no sabe qué hay para contemplar en las Cinco Meditaciones—cabello, vello, uñas, dientes y piel. Dicen que ya pueden ver todas esas cosas, pero sólo pueden verlas con el ojo carnal, con ese ‘ojo loco’ que sólo ve las cosas que quiere ver. Para ver el cuerpo en el cuerpo debéis mirar mucho más claramente que eso.

Esta es la práctica que puede desraizar el aferrarse a los Cinco Khandhas [8]. Desraizar el apego es desraizar el sufrimiento, porque el apego a los Cinco Skandhas es la causa del sufrimiento. Si surge sufrimiento es aquí, en el apego a los Cinco Skandhas. No es que los Cinco Skandhas sean ellos mismos sufrimiento, pero el aferrarse a ellos como si fueran de uno… eso es sufrimiento.

Si veis claramente la verdad de estas cosas es como ajustar el tornillo todo el tiempo. Se pone más y más ajustado hasta que está estrujándonos y sufrís por todo. Cuando sabéis cómo son las cosas entonces destornilláis el tornillo. En el lenguaje de Dhamma llamamos a esto surgimiento de nibbida, desencanto. Os cansáis de las cosas y dejáis la fascinación por ellas. Si desenroscáis de esta forma encontrareis paz.

La causa del sufrimiento es el aferrarse a las cosas. Así que deberíamos deshacernos de la causa, cortar su raíz y no permitirle que cause sufrimiento de nuevo. La gente tiene un solo problema—el problema de aferrarse. Solamente por esta sola cosa las personas se matarían unas a otras. Todos los problemas, sean individuales, familiares o sociales, surgen de esta única raíz. Nadie gana… se matan unos a otros pero al final nadie recibe nada. No sé por qué las personas se siguen matando unas a otras tan inútilmente.

Poder, posesiones, status, alabanza, felicidad y sufrimiento… estos son los dhammas mundanos. Estos dhammas mundanos devoran seres mundanales. Los seres mundanales son llevados de aquí para allá y los dhammas mundanos: ganancia, y pérdida, aplauso y calumnia, status y pérdida de status, felicidad y sufrimiento. Estos dhammas traen problemas, si no reflexionáis sobre su verdadera naturaleza sufriréis. La gente hasta comete asesinatos por amor a la propiedad, el status o el poder. ¿Por qué? Porque se los toman demasiado en serio. Son designados a alguna posición y se les sube a la cabeza, como el hombre que se volvió cacique del pueblo. Después de su nombramiento se puso ‘borracho de poder’. Si alguno de sus viejos amigos venía a verlo él solía decirle: “No pases tan seguido. Las cosas ya no son las mismas”.

El Buda enseñó a comprender la naturaleza de las posesiones, el status, la alabanza y la felicidad. Tomad esas cosas como vengan pero dejadlas ser. No dejáis que os suban a la cabeza. Si no comprendéis realmente estas cosas os engañaréis por vuestro poder, vuestros hijos y parientes… ¡Por todo! Si las comprendéis claramente sabéis que son todas condiciones no permanentes. Si os aferráis a ellas se vuelven impuras.

Todas estas cosas surgen después. Cuando la gente recién nace es simplemente nama y rupa, eso es todo. Mas tarde, nosotros agregamos el asunto de ‘Sr. Pérez’, ‘Srta. González’ o lo que sea. Esto se hace de acuerdo a las convenciones. Aún más tarde están los agregados de ‘Coronel’, ‘General’, etc. Si no entendemos realmente estas cosas pensamos que son reales y las cargamos con nosotros. Cargamos posesiones, status, nombre y rango. Si tenéis poder podéis dar todas las órdenes… “Tomad a éste y ejecutadlo. Tomad a aquel y arrojadlo a la cárcel.”… El Rango da poder. En esta palabra ‘rango’ es donde se agarra el aferrarse. Tan pronto como la gente obtiene un rango, comienza a dar órdenes; bien o mal, sólo actúa de acuerdo a sus humores. Así que continúa cometiendo los mismos errores de costumbre, desviándose más y más lejos del verdadero camino.

Uno que comprende el Dhamma no se comportará así. El bien y el mal han estado en el mundo desde quien sabe cuando… si las posesiones y el status os caen en suerte, entonces dejadlos ser simplemente posesiones y status, no permitáis que se conviertan en vuestra identidad. Solamente usadlas para cumplir con vuestras obligaciones y dejadlo así. Permaneced inalterados. Si hemos meditado sobre estas cosas, no importa lo que nos caiga en suerte, no seremos engañados por ello. Estaremos tranquilos, naturales, constantes. Todo es bastante igual, después de todo.

Así es como Buda quería que comprendamos las cosas. No importa lo que recibáis, la mente no agrega nada a ello. Os nombran concejal… “Bien, así que soy un concejal… pero no lo soy.” Os nombran jefe de grupo… “Seguro que lo soy, ¡pero no lo soy!” Sea lo que fuere lo que os nombren… “Si lo soy, ¡pero no lo soy! Al final, ¿qué somos de todas formas? Todos nos morimos al final. No importan que nombres les hayan dado, al final es todo lo mismo. ¿Qué podéis decir? Si podéis ver las cosas de esta forma tendréis una sólida morada y verdadero contento. Nada ha cambiado.

Esto es no ser engañado por las cosas. Sea lo que sea lo que os caiga en suerte, son sólo condiciones. No hay nada que pueda atraer a una mente como ésta a crear o proliferar, a seducirla a la avaricia, la aversión o ilusión.

Este es un defensor verdadero del Budismo. Estéis entre aquellos que son ayudados (o sea, la Sangha) o aquellos que están ayudando (la gente laica), por favor, considerad esto enteramente. Cultivad Sila-Dhamma [9] en vuestro interior. Esta es la forma más segura de apoyar al Budismo. Apoyar al Budismo con las ofrendas de alimento, morada y medicina también es bueno, pero tales ofrendas sólo llegan a la ‘albura’ del Budismo. Por favor, no olvidéis esto. Un árbol tiene corteza, albura y médula y estas tres partes son interdependientes. La médula debe contar con la corteza y la albura. La albura cuenta con la corteza y la médula. Todos ellos existen en forma interdependiente, así como las enseñanzas de Disciplina Moral, Concentración y Sabiduría [10]. La disciplina moral es afianzar vuestras palabras y acciones en la rectitud. La concentración es fijar firmemente a la mente. La sabiduría es la comprensión total de la naturaleza de todas las condiciones. Estudiad esto, practicad esto, y entenderéis al Budismo en la forma más profunda.

Si no os dais cuenta de estas cosas, seréis engañados por las posesiones, engañados por el rango, engañados por cualquier cosa con que entréis en contacto. Simplemente apoyando al Budismo en la forma externa, no podrán nunca terminar con la pelea, la riña, los resentimientos, la animosidad, el herir y el disparar. Si estas cosas deben cesar debemos reflexionar sobre la naturaleza de las posesiones, el rango, la alabanza, la felicidad y el sufrimiento. Debemos considerar nuestras vidas y ponerlas en armonía con la Enseñanza. Deberíamos reflexionar que todos los seres en el mundo son parte de un todo. Somos como ellos, ellos son como nosotros. Ellos tienen felicidad y sufrimiento así como también los tenemos nosotros. Es todo casi lo mismo. Si reflexionamos de esta forma, surgirán la paz y la comprensión. Esta es la base del Budismo.


[1] Uno que vive consagrado a las prácticas religiosas. El término también es usado para referirse a uno que ha desarrollado, de tales prácticas, una cierta cantidad de virtud, Ajahn Chah generalmente traduce el término como ‘uno que está en paz’.

[2] Ñanadassana: Literalmente, ‘conocimiento y percepción (de las Cuatro Verdades Nobles)’.

[3] Cualidad de la atención.

[4] Sampajañña es la consciencia de ‘ahora estoy haciendo esto y esto’.

[5] Una de las Cuatro Bases de la Atención: Cuerpo, Sentimiento, Mente y Dhamma.

[6] Loma: el pelo del cuerpo [los vellos]; kesa: los cabellos: http://www.forestdhammabooks.com/book/8/London/6.pdf

[7] Deseo sensual. Uno de los Cinco Obstáculos, siendo los otros cuatro: malevolencia, duda, inquietud y preocupación y modorra.

[8] Los Cinco Khandhas o ‘montones’: Forma, sentimiento, percepción, concepción y consciencia.

[9] Sila-Dhamma: La Enseñanza y la Disciplina, otro nombre para la enseñanza del Budismo, pero en el ámbito personal significa ‘virtud y (conocimiento de la) verdad.

[10] Sila, samadhi y pañña.


Fuente: primera impresión, 1992. Trascrito de la primera edición en 1994 por David Savage con los auspicios de DharmaNet Dharma Book Transcription Project con los debidos permisos.

Averiguaciones sobre este libro pueden hacerse con el Abad del monasterio Wat Pah Nanachat, Bahn Bung Wai, Warinchamrab, Ubol Rajathani 34310, Tailandia.

Copyright © 1992 The Sangha, Wat Pah Nanachat

Edición de Access to Insight © 1994

Edición de Bosque Theravada © 2008

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