Los primeros años del Venerable Ajahn Chah

Este texto es una adaptación de parte de una biografía del Venerable Ajahn Chah escrita por Ajahn Jayasaro de próxima publicación en inglés bajo el título: «Uppalamuni, the Joy of Ubon». Aquí os presentamos algunos pasajes de la infancia y juventud de este destacado maestro tailandés de la Tradición del Bosque.

La vida y enseñanzas del Venerable Ajahn Chah

Por Ajahn Jayasaro. Adaptado de Uppalamani

ajahn_jayasaro02Fue en Bahn Gor, un pequeño pueblo a unas pocas horas a pie hacia el sur de la ciudad de Ubon en la región Isahn de Tailandia, donde nació uno de los monjes más grandes de la era moderna, y cerca de donde él establecería más tarde un monasterio del bosque que iba a alcanzar una reputación mundial. Su título monástico completo vino a ser Tan Chao Khun Phra Bodhinyana Thera, pero se le conoce familiarmente como Luang Por (Venerable Padre) Chah y para sus discípulos simplemente como “Luang Por”.

Luang Por Chah nació el séptimo día de luna menguante de la séptima luna del Año del Caballo, 1918. Fue el quinto de once hijos nacidos de Mah y Pim Chooangchote, quienes, como la vasta mayoría de su generación, eran granjeros que vivían del arroz. El nombre Chah significa listo, capaz, ingenioso. Según la costumbre, la madre de Luang Por dio a luz de rodillas, con sus brazos por encima de la cabeza agarrando una cuerda suspendida de las vigas de la casa. Después soportó quince días de reclusión, tumbada con su estómago tan cerca como podía a un brasero de carbón para “secar” su útero – una antigua costumbre que aún pervive en los pueblos a pesar de que hace unos setenta años el rey Mongkut protestara enérgicamente contra ella como “este absurdo y monstruoso crimen de tener a las mujeres ahumadas y asadas”. En los primeros meses tras su destete, la madre de Luang Por le habría alimentado masticando arroz pegajoso en su propia boca primero y luego, suavemente, metiéndosela en la del bebé con una cuchara.

Luang Por nació en un hogar afectuoso y respetado, una de las familias más ricas de una comunidad unida. Los pueblos de Isahn en aquellos días, aislados por los bosques y vulnerables ante las inclemencias del tiempo y el capricho de los espíritus, ponían gran énfasis en compartir, en la generosidad y en la armonía. El modelo era el de una gran familia, y con los años, los matrimonios entre los habitantes de un pueblo tendían de hecho a crear una. Las casas estaban hechas de madera, con tejados de paja levantadas sobre unos zancos como protección ante inundaciones y animales salvajes. Se colocaban cerca unas de otras sin límites fijados entre ellas. La vida se realizaba en un gran espacio abierto en el piso de arriba, con habitaciones utilizadas tan sólo para dormir. La gente no sólo escuchaba los dramas familiares de sus vecinos, sino que también podían verles. No existía el concepto de privacidad, mucho menos el deseo de ella. Los habitantes del pueblo se comprometían a respetar a los monjes, los ancianos y los espíritus; a considerar los sentimientos de los otros; y a un sentido de la vergüenza. Disfrutaban de la risa y la conversación. Luang Por creció con un gran sentido de la comunidad y del lugar, y con “un pico de oro”.

El adjetivo utilizado a menudo para describir a Luang Por en su edad madura – entusiasta – es el que viene con más facilidad a la mente cuando te lo imaginas siendo niño. Fue un joven fornido y exuberante y sin embargo, al mismo tiempo, entusiasta y perceptivo – astuto. Era muy divertido y estaba lleno de vigor, con la alegre y optimista disposición tan común en su gente; pero aún entonces mostraba un destello de acero en sus formas. Él era tanto un hablador como un hacedor, el líder natural de su grupo de amigos, junto al que todos querían estar y sin el que todos los juegos y aventuras parecían aburridas. Luang Por tenía la cara redonda y la ‘nariz de león’ chata común en su raza. Más característica era su boca, excepcionalmente ancha y poderosa – seguramente destinada algún día a tener cosas memorables que decir – con un encantador contraste con la poderosa simetría de su cara, su oreja derecha era más grande que la izquierda. Sus amigos de infancia recuerdan la afabilidad de Luang Por. Dicen que nunca impuso su dominio mediante la intimidación o la coacción; nadie le recuerda en una pelea. Fue el mediador entre las diputas de sus compañeros y, desde una temprana edad, se sintió atraído por el hábito amarillo. Él cuenta un recuerdo de la infancia jugando a ser un monje. Se sentaba con seriedad sobre una cama de bambú con un trozo de tela cubriendo su hombro izquierdo a modo de hábito, y sus amigos eran los laicos. La hora de la comida es probablemente el único evento en la vida diaria de los monjes que es lo suficientemente interesante como para prestarse a la actuación, y esto era lo que los niños representaban. Luang Por hacía tocar una campana, y sus amigos traían una bandeja con fruta y agua fresca. Después de postrarse tres veces le ofrecían la comida sumisamente. A cambio él les daba los cinco preceptos del budista laico y una bendición.

 

 

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Hasta ese momento la escuela no era una gran intrusión al derecho de los niños a la diversión. En los años 20, unos treinta años después de su inicio, un sistema de educación estatal había forjado aún pocas incursiones dentro de la Isahn rural. Durante la infancia de Luang Por había disponible tres años de educación primaria, pero no era obligatorio y pocos padres le vieron su valor. Luang Por, a la edad de nueve años, había finalizado un único año.

La educación de los jóvenes había sido tradicionalmente una de las principales funciones del wat (monasterio) del pueblo. Sin contar el hecho de que el cincuenta por ciento de los niños – las niñas eran excluidas – los resultados eran sorprendentes. A menudo observadores extranjeros han expresado sorpresa ante el alto nivel de alfabetización entre los hombres tailandeses (al mismo tiempo, igualmente interesante es que han elogiado lo que han visto como la inteligencia superior y destreza de las mujeres). Los niños ayudaban en las tareas del monasterio y, a través del contacto personal diario con los monjes y participando en la vida del wat, recibían una educación con una fuerte moral y base espiritual. Era un sistema que forjaba fuertes vínculos entre el monasterio y el pueblo, y se ha discutido que la pérdida de este papel educacional hacia el estado fue un gran golpe desde el sentido del propósito del Sangha rural, el cual no se ha recuperado completamente. Fue a la edad de nueve años cuando Luang Por pidió permiso a sus padres para abandonar el hogar familiar y marcharse al monasterio local. Era una práctica común para los padres el confiar hijos a los monjes, pero era raro el que un hijo se fuera voluntario. Muchos años después Luang Por habló de su decisión de la siguiente forma:

«Como niño tenía miedo de cometer malos actos. Siempre fui un chaval honrado. Era honesto, y no decía mentiras. Cuando había cosas que repartir, era considerado; cogía menos de lo que me correspondía. Esa naturaleza básica siguió madurando hasta que un día me dije: ‘Vete al monasterio’. Pregunté a mis amigos si alguna vez habían pensado hacer lo mismo, y ninguno lo había hecho. La idea simplemente surgió naturalmente. Diría que fue el resultado de las acciones del pasado – con el paso del tiempo, las cualidades saludables fueron creciendo firmemente en mi interior hasta que un día me llevaron a decidir y hacer lo que hice».

En otra ocasión, en un tono mas humorístico, Luang Por contó a algunos discípulos laicos que he se convirtió en un dekwat (niño del monasterio) porque estaba cansado de regar los campos de tabaco de la familia y porque la ronda de tareas diarias era muy tediosa y repetitiva. Como uno de los discípulos de Luang Por recuerda, un pequeño accidente llevaron las cosas a un punto crítico: «El que fuera a vivir al monasterio no estaba preparado por sus padres; era idea suya. Un día estaba ayudando a sus hermanos y hermanas a machacar arroz, pero no ponía mucho cuidado en ello.Accidentalmente se golpeó con el palo que hacía de mazo. Debió hacerle daño porque se enfadó y grito, ‘¡Se acabó! Me marcharé y me haré monje!'».

Pocos días después del golpe con el mazo, los padres de Luang Por le llevaron al monasterio del pueblo. Wat Bhan Gor estaba situado en un gran recinto arenoso a la sombra de cocoteros, mangos y tamarindos y consistía en una sala (habitación principal para reuniones y sermones), una vihara (residencia de los monjes) y una samanam (habitación ceremonial cercada por el agua). Por Mah y Maa Pim confiaron su hijo al abad con una previsible mezcla de tristeza y orgullo – y Luang Por se convirtió así en un dekwat. Pero este no fue el comienzo de una larga y dolorosa separación de sus padres; para nada Luang Por se había retirado hacia un reino ceñido y enclaustrado. Los límites entre el monasterio y el mundo alrededor no estaban marcado por imponentes muros, sino por una débil valla de bambú. De hecho, el monasterio era el foco central de la vida comunal del pueblo más que el símbolo de su rechazo. En un sentido, había entrado en el mundo más que abandonarlo.

Pocas de las imágenes que probablemente evocan la palabra “monasterio” en una mente occidental laica coincidirían con la realidad del wat de un pueblo en la Tailandia rural. El Wat Bhan Gor, donde Luang Por se había ido a vivir, podía ser la residencia de los monjes, pero era considerado propiedad de todos. El camino frente a la sala principal era una vía pública, y el pozo del monasterio era utilizado por todas las casas de las cercanías. Las reuniones públicas importantes tenían lugar en la sala del monasterio, la cual también hacía las veces de hostal para viajeros transeúntes y así era el centro para la recepción y propagación de noticias sobre otras áreas. El monasterio jugaba un papel central en la vida social del pueblo. Era el lugar para importantes festivales que puntuaban las duras luchas del año. Con el casi inexistente entretenimiento diario, todos miraban hacia el animado ngahn wat (eventos del monasterio) en busca de emoción ydiversión. Algunos de los eventos eran de importancia específicamente budista; otros eran de un carácter mas mundano y animista, presidido por los monjes y apretujados por las ofrendas de limosnas a ellos dirigidas.

Con respecto a los monjes, ellos no eran una élite hereditaria. En el budismo tailandés, la ordenación temporal has sido la norma desde hace mucho y constituye un rito de paso para los hombres jóvenes. De hecho, un hombre que no haya sido nunca un monje tendría dificultades para encontrar esposa. Las jóvenes se asustarían de él por ser un kon dip, literalmente una persona ‘verde’.

Por costumbre, un hombre joven en un pueblo se ordenaría tras acabar el servicio militar, principalmente durante los tres meses del Retiro de las Lluvias, pero a veces hasta dos o tres años.

El resultado era una comunidad monástica fluida en la cual estudiantes serios y dedicados se codeaban con aquellos que deseaban impacientemente cumplir con la tradición. Uno de los grandes méritos del sistema era que con cada familia teniendo miembros que eran o habían sido monjes, el estrecho lazo entre el pueblo y el monasterio se veía constantemente renovado. Los monjes ordenados durante muchos años eran pocos en número. Casi todos ellos habían nacido y crecido en el pueblo y simpatizaban así profundamente con los problemas diarios de la gente.Participaban seriamente en los eventos, a veces como líderes en proyectos de obras públicas tales como la construcción de puentes, o a menudo como consejeros imparciales y árbitros en desacuerdos y disputas entre laicos. Históricamente, el wat era el centro de aprendizaje. Aparte de su posición como miembros del Sangha Budista, los monjes también tenían el prestigio de ser los más ilustrados y eruditos de la comunidad. Aprendían y transmitían muchas artes como la carpintería, la pintura, artes decorativas, y la producción de baldosas, ladrillos y cemento. Algunos monjes eran doctores de hierbas y muchos, a pesar de la prohibición en la Disciplina de los Monjes, eran astrólogos. Pero por supuesto, era el papel religioso del monasterio el que era, idealmente, el de mayor importancia. Ante todo se esperaba que los monjes fuesen, tanto como fuese posible, la personificación de las enseñanzas del Buda e inspirar con la palabra, la acción moral y los valores espirituales. También se les llamaba para efectuar rituales tradicionales y ceremonias. Se les invitaba a las casas locales para recitar bendiciones, rociar agua bendita durante las bodas, fiestas de estreno de una nueva casa, épocas de enfermedad o mala suerte. A la muerte de un aldeano recitaban los bastante abstractos y filosóficos versos Matika, que se creía tradicionalmente que eran las enseñanzas que el Buda dio a su madre en el cielo de Tusita tras su muerte.

Luang Por permaneció cuatro años como dekwat. Durante ese tiempo, aprendió a leer y escribir, ayudó con las tareas de barrido y limpieza del monasterio, sirvió a los monjes y, gradualmente absorbió, si no su nutrición intelectual al menos el ambiente y el sabor de las enseñanzas budistas básicas. Sus obligaciones no eran onerosas, y había mucho tiempo para jugar con sus compañeros dekwats, de los cuales había un suministro constante. Era costumbre que los agotados padres enviasen a sus hijos desobedientes a los monasterios para una urgente reforma moral; los huérfanos, si ningún familiar podía acogerlos, siempre podían encontrar refugio con los monjes. Aparte de aceptar a los niños por razones religiosas, el monasterio era también el centro local de asistencia social. En la Disciplina de los Monjes se establece que un aspirante debe tener como mínimo veinte años para poder ser monje pero que un niño lo suficientemente mayor como para ‘espantar pájaros’ puede convertirse en novicio. Luang Por tomó los votos de novicio en marzo de 1931. Tenía trece años y podía haber ahuyentado a un acechante halcón. La constitución robusta y la sobresaliente tripa de Luang Por, junto con su resonante voz, le ganó el apodo de Eung o Rana. La vida continuó de casi la misma manera relajada, aunque llevar los hábitos otorgaba un estatus más elevado y un aumento en las expectativas; al menos en frente de los laicos, una conducta moderada era de rigor. Luang Por pasaba algún tiempo de cada día caminando a la sombra, memorizando las diversas recitaciones en pali: el servicio diario, las bendiciones en las comidas, los versos auspiciosos recitados en las fiestas inauguración de las casas y en las bodas, y las más sombrías recitaciones funerarias: Adhuvam jivitam, dhuvam maranam, avassam me maritabbam – La vida es incierta; la muerte es cierta; yo también moriré.

También completó el primero de tres niveles en el currículo de los estudios monásticos. Incluía secciones sobre la vida y enseñanzas del Buda, el Código de Disciplina y la historia del budismo, y proveía de un profundo cimiento en el núcleo de las enseñanzas. Otras veces, la jardinería y los proyectos de construcción servían para el desahogo adolescente.

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Durante sus años de novicio, el maestro y mentor de Luang Por fue un monje llamado Ajahn Lung. De acuerdo con la relación recíproca establecida en los textos antiguos, Ajahn Lung supervisaba los estudios de Luang Por y a cambio Luang Por hacía las veces de su ayudante personal. De vez en cuando por las tardes, Ajahn Lung acompañaba amablemente a Luang Por a visitar a su familia – estaba prohibido que un novicio fuese sólo – y de hecho parecía disfrutar de estas excursiones, incluso más que Luang Por, rebosando una confianza y encanto entre la familia de Luang Por que el joven novicio encontraba un poco excéntrica. Por insistencia de Ajahn Lung, las visitas se convirtieron poco a poco en algo mas frecuente y extensas, y a veces se hacía de noche antes de que los dos regresaran al monasterio, acompañados por los ladrillos de los perros de la aldea a su paso.

Un día Ajahn Lung le confesó a Luang Por que había decidido dejar el hábito y le sugirió a su protegido que hiciese lo mismo. Un confuso Luang Por accedió. Había vivido en el wat durante siete años y a la peligrosa y tambaleante edad de dieciséis, un pequeño empuje era suficiente. Días después de abandonar los hábitos, los padres de Luang Por fueron visitados por los ancianos familiares del ex-Ajahn Lung para discutir una propuesta de matrimonio. El ardiente admirador de la hermana de Luang Por, seguro del cariño de ella, era por fin libre para declarar su amor.

Luang Por fue a trabajar en los campos de la familia. Inevitablemente, lo novedoso del barro y el sudor pasaron, y aunque se aplicó en la ronda regular del agricultor de arroz con un entusiasmo que levantaba mucha admiración, soportó en silencio dentro de sí un sentido de algo perdido e inconcluso. No era una emoción abrumadora – sino una sombra constante y discreta que solo podía intentar ignorar. Por el momento Luang Por accedió a entretenerse con las formas habituales. Junto a su mejor amigo Puut iba a aldeas vecinas a coquetear con las jóvenes en las actividades del monasterio.

Cuando Luang Por finalmente se enamoró fue de una chica de su misma aldea. Su nombre era Jyy, la hermanastra de su compañero Puut. Los padres de la chica estaban contentos con el posible emparejamiento; Luang Por era un amigo de la familia, afable, trabajador y honesto. En aquellos días estaba mal visto que dos jóvenes enamorados se quedaran solos; la costumbre dictaba que se encontrasen en la casa de ella, arriba en el porche por la tarde, donde ella pudiera sentarse de manera recatada, hilando lana. Luang Por comenzó a pasar más y más tardes en casa de Puut. Las relaciones entre hombres y mujeres jóvenes eran estrictamente supervisadas por los mayores. Los amantes, que tenían prohibido tocarse, eran rápidos en aprender los matices de las caricias verbales. En la vida de la aldea de Isahn, las bromas entre sus miembros eran inventivas y muy admirada la habilidad para improvisar. Los hombres se pavoneaban, adulaban y cortejaban ardientemente al estilo de “No-puedo-vivir-sin-ti”, mientras que las mujeres se hacían las tímidas y difíciles e ingeniosamente insultaban la virilidad de su pretendiente – “el ruidoso pretendiente está sosteniendo la débil cometa en un cielo sin viento” era sólo una de las frases bastante conocida y alegremente repetida.

Pero la conversación ingeniosa pierde pronto su encanto cuando intervienen los sentimientos genuinos, y más tarde en la noche a Luang Por y Jyy les gustaba sentarse fuera en el frescor estrellado hablando en voz baja. El plan de que se casarían tan pronto como Luang Por hubiera finalizado su Servicio Militar y pasado un retiro de lluvias como monje para hacer mérito para sus padres a la manera tradicional se tramó en una de aquellas noches. En aquel tiempo Luang Por tenía diecinueve años y Jyy diecisiete. Pasarían otros cuatro años antes de que pudieran siquiera darse la mano.

Un día ese mismo año, cuando la estación de lluvias se acercaba y cada casa se encontraba ocupada preparando los arados, rastrillos, azadas, yugos, trampas de pesca y machetes para el trabajo venidero en los campos de arroz, Luang Por había sacado un montón de herramientas para la pequeña cabaña de la familia levantada sobre zancos en mitad de sus campos. Como él mismo relataba muchos años después: “Cuando tenia dieciocho años me gustaba una chica. A ella también le gustaba yo y, como ocurren las cosas, después de algún tiempo gustándome me sentí profundamente enamorado. Me quería casar con ella. Soñaba con tenerla a mi lado ayudándome en los campos, ganándonos la vida juntos. Entonces un día de camino a casa del trabajo me encontré con mi mejor amigo, Puut, en el carretera. Me dijo, ‘Chah, me llevo a la chica’. Cuando escuché aquellas palabras me quedé completamente paralizado. Estuve en un estado de shock durante horas después de aquello”.

Simplemente, y con el indiscutible privilegio que los padres de su edad y cultura poseían, el padre de Puut y su esposa habían decidido que sus dos hijos deberían casarse; no había más que decir. Las razones fueron pragmáticas y económicas. Si Puut se casaba con Jyy, la familia se ahorraría una dote que difícilmente podían permitirse. Acababan de adquirir un terreno a cierta distancia de la aldea que no se debía dejar en barbecho. La joven pareja se podía mudar allí y trabajarla juntos.

Luang Por, a pesar de la llegada de las lluvias, debió haber sentido su vida varada de repente en una tierra seca y desierta. Pero a parte de intentar resignarse a la situación, ¿que podía hacer? No tenía sentido enfadarse con Puut. Su amigo no lo había tramado a sus espaldas y estaba terriblemente avergonzado por toda la situación. Pero esta decepción fue profunda, una aguda y dolorosa lección a cerca de las incertidumbres que aquejan los asuntos humanos. ¿Dónde deberías, dónde podrías poner tu confianza? Luang Por mantuvo su amistad con Puut, y de hecho llego a durar durante el resto de la vida de Luang Por. Pero con Jyy tuvo que ser mas prudente; sus sentimientos no podían ser negados por un acto de voluntad. Incluso después de convertirse en monje, si Luang Por la veía en el monasterio, tenía que hacer lo posible por evitar un encuentro que pudiera remover emociones dolorosas. Luang Por admitió que durante los primeros siete años de su monacato le fue imposible abandonar por completo los pensamientos sobre Jyy. Quizá, después de todo, por algún milagro, ella sería libre. Los mismos escenarios tentadores se repetían periódicamente en su mente, los mismos finales fáciles y felices. ¿Podría él, en ese caso, permanecer con el hábito? No lo sabia. Fue tan sólo cuando finalmente abandonó su entorno familiar y, a través de la práctica de la meditación, que obtuvo un método de aquietar sus pensamientos y verlos en perspectiva, que las fantasías se atenuaron. En años posteriores como abad de Wat Nong Pah Pong, describiendo a los monjes los inconvenientes del deseo sensual, a menudo hablaba de la deuda de gratitud que le debía a Puut: “Si no se hubiese casado con Maa Jyy, probablemente yo no estaría aquí hoy”, decía.

Cuando el nombre de Luang Por desapareció de la lista de hombres jóvenes de Ubon llamados para el Servicio Militar, fue libre para pedir la ordenación. Pero en este momento sus ideas sobre convertirse en monje habían cambiado. Ya no lo consideraba simplemente en cuanto a hacer mérito para sus padres, una expresión de gratitud que sentía hacia ellos. Naturalmente estos eran propósitos nobles, pero él deseaba algo más, algo que pudiese solucionar la intranquilidad en su corazón. La vida laica parecía vacía, tediosa, y llena de vicisitudes; quizá la vida monástica pudiera llevarle hacia el sentido y la paz. Se ordenó por un tiempo indefinido. Su madre y su padre se alegraron. Tenían suficientes hijos para ayudarles con el trabajo del campo, y era auspicioso tener un hijo con hábito. La ceremonia de ordenación tuvo lugar el 26 de abril de 1939, en Wat Gor Ny, el monasterio local, en una resplandeciente y calurosa tarde. Phra Kroo Intarasarakun fue el preceptor de Luang Por y le otorgo el nombre de monje de Subhaddo (completamente desarrollado).

Luang Por pasó los primeros dos años de su vida monástica en Wat Bahn Gor: “Al final del retiro de las lluvias, todos los monjes y novicios que se unieron al Sangha al mismo tiempo que yo dejaron los hábitos. A veces, antes de colgarlos, se probaban sus ropas de laico y desfilaban por el monasterio. Pensaba que estaban completamente locos. Pero ellos opinaban que les sentaba bien, y que sus ropas eran elegantes, y hablaban de cosas que iban a hacer después de abandonar los hábitos. No me atrevía a decirles que estaban completamente equivocados porque yo no sabía cuán duradera era mi propia fe. Después de que mis amigos colgaran los hábitos, me resigné. Ahora estás sólo, me dije a mí mismo, y saqué mi copia del Patimokkha (las reglas de disciplina de los monjes) y comencé a memorizarlo. Era mejor que antes sin nadie molestándome o haciendo el tonto. Era capaz de concentrarme completamente en ello. No dije nada, pero tomé la determinación de que desde ese día hasta el final de mi vida, ya sea a la edad de setenta u ochenta o la que fuese, intentaría practicar con un aprecio constante, sin permitir que mis esfuerzos aminorasen o que mi fe se debilitara. Ser coherente. Esa es una tarea extremadamente difícil, y no me atreví a contárselo a nadie más”.


FUENTE:

http://www.forestsangha.org/jayasa2.htm

Traducido por DhammaJose para Bosque Theravada © 2009

Publicado por Bosque Theravada © 2009

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