SN 51,10 Cetiya Sutta – Discurso en el santuario

El Buda, en un lenguaje indirecto, sugiere al Venerable Ananda que le pida para que permanezca con vida por mucho tiempo, pero éste, con la mente obscurecida por el Mara, no alcanza entenderlo y, finalmente el Buda, tras conversar con el Malvado, renuncia voluntariamente a su principio vital.

[Leer en pali]

[10] {822} Esto he escuchado. En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en la sala del techo de dos aguas, en el Gran Bosque de Vesali. En esta ocasión, el Bienaventurado se levantó muy temprano, se vistió y tomando su cuenco y el hábito exterior, se fue a Vesali en búsqueda de limosnas. Habiendo vuelto y comido, se dirigió al Venerable Ananda, diciendo:

 

«Toma una estera, Ananda. Esta siesta, vamos a ir al santuario de Capala».

 

«Muy bien, venerable señor», respondió Ananda y llevando la estera, siguió los pasos del Bienaventurado. Y cuando el Bienaventurado llegó al santuario de Capala, se sentó en el asiento que estaba preparado para él. Después, llegó el Venerable Ananda quien, saludando al Bienaventurado respetuosamente, se sentó a un lado. Entonces el Bienaventurado dijo: «Ananda, la ciudad de Vesali es agradable, el santuario de Udena también es agradable, al igual que son agradables los santuarios de Gotamaka, Sattambaka, Bahuputta y Capala. Ananda, cualquiera que desarrolla las cuatro bases del poder espiritual, las practica frecuentemente y se establece en ellas, para quien estas bases se vuelven familiares, quien las entiende bien y las perfecciona, ciertamente podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo deseara. Y el Tathagata, Ananda, desarrolló las cuatro bases del poder espiritual, las practicó frecuentemente, se estableció en ellas, las mismas se le volvieron familiares, las entendió bien y las perfeccionó; ciertamente, entonces, el Tathagata podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo quisiese».

 

Pero el Venerable Ananda, no fue capaz de captar esta indirecta del Bienaventurado, esta señal tan clara. Y como su mente estaba influenciada por el Mara, no lo imploró: «Qué el Bienaventurado continúe aquí por siglos, que el Bendito permanezca durante todo el periodo del mundo para el bien y la felicidad de las multitudes, por causa de su compasión, para el beneficio y felicidad de los devas y de los seres humanos».

 

Y por segunda vez… Y por la tercera vez el Bienaventurado dijo: «Ananda, la ciudad de Vesali es agradable, el santuario de Udena también es agradable, al igual que son agradables los santuarios de Gotamaka, Sattambaka, Bahuputta y Capala. Ananda, cualquiera que desarrolla las cuatro bases del poder espiritual, las practica frecuentemente y se establece en ellas, para quien estas bases se vuelvan familiares, quien las entiende bien y las perfecciona, ciertamente podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo desee. Y el Tathagata, Ananda, desarrolló las cuatro bases del poder espiritual, las practicó frecuentemente, se estableció en ellas, las mismas se le volvieron familiares para él, las entendió bien y las perfeccionó; ciertamente, entonces, el Tathagata podría vivir durante siglos o extender su vida hasta el fin de un periodo del mundo, si así lo quisiese».

 

Pero el Venerable Ananda, no fue capaz de captar esta indirecta del Bienaventurado, esta señal tan clara. Y como su mente estaba influenciada por el Mara, no lo imploró: «Qué el Bienaventurado continúe aquí por siglos, que el Bendito permanezca durante todo el periodo del mundo para el bien y la felicidad de las multitudes, por causa de su compasión, para el beneficio y felicidad de los devas y de los humanos».

 

Entonces, el Bienaventurado dijo: «Ananda, puedes retirarte ya y hacer lo que te parezca conveniente».

 

«Muy bien, señor», respondió el Venarble Ananda y, levantándose de su asiento, saludó al Bienaventurado y se retiró, cuidando por respeto, que el Bienaventurado quede siempre a su derecha, y fue a sentarse debajo de un árbol que estaba cerca.

 

Una vez Ananda se hubo retirado, el Mara, el Malvado se acercó al Bienaventurado. Permaneciendo de pie en un costado, se dirigió al Bienaventurado con estas palabras: «Venerable señor, ahora es el tiempo que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, venerable señor. Una vez, el Bienaventurado dijo: ‘Malvado, yo no pasaré al Nibbana final hasta que tenga monjes que sean verdaderos discípulos, bien entrenados, sabios, capaces de preservar el Dhamma, que vivan de acuerdo al Dhamma, que perduren en una conducta adecuada y que, al aprender las palabras del Maestro, sean aptos de exponerlas, predicarlas, proclamarlas, establecerlas, revelarlas, explicarlas en detalle y hacerlas claras, de tal manera que, cuando surjan las opiniones adversas, ellos sean capaces de refutarlas meticulosamente y predicar este convincente y liberador Dhamma’. Ahora bien, venerable señor, los monjes llegaron a ser sus verdaderos discípulos, justo de la manera como lo quiso. De modo que, venerable señor, ahora es el tiempo que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, señor.

 

«También, en otra oportunidad el Bienaventurado dijo: ‘Malvado, yo no pasaré al Nibbana final hasta que tenga monjas… hasta que tenga seguidores laicos… hasta que tenga las seguidoras laicas que sean verdaderas discípulas, bien entrenadas, sabias, capaces de preservar el Dhamma, que vivan de acuerdo al Dhamma, que perduren en una conducta adecuada y que, al aprender las palabras del Maestro, sean aptas de exponerlas, predicarlas, proclamarlas, establecerlas, revelarlas, explicarlas en detalle y hacerlas claras, de tal manera que, cuando surjan las opiniones adversas, ellas sean capaces de refutarlas meticulosamente y predicar este convincente y liberador Dhamma’. Ahora bien, venerable señor, las seguidoras laicas llegaron a ser sus verdaderas discípulas, justo de la manera como lo quiso. De modo que, venerable señor, ahora es el tiempo que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, señor.

 

«También, en otra oportunidad el Bienaventurado dijo: ‘Malvado, yo no pasaré al Nibbana final hasta que esta vida santa sea enseñada por mí de tal manera que llegue a ser exitosa, que prospere y tenga renombre, que sea popular y extendida, bien proclamada a los seres humanos y a los dioses’. Ahora, venerable señor, esta vida santa ha sido enseñada justo de la manera como lo quiso. De modo que, venerable señor, ahora es el tiempo que el Bienaventurado alcance su Nibbana final; que el Bienhechor haga su último paso; llegó el momento para el Parinibbana, señor».

 

Dicho esto, el Bienaventurado habló al Mara, el Malvado: «No te turbes a ti mismo, Malvado. No demorará mucho tiempo para que el Tathagata alcance su Nibbana final. No más que en tres meses, el Tathagata habrá alcanzado el Parinibbana».

 

En esta ocasión, en el santuario de Capala, el Bienaventurado, conscientemente atento y con plena comprensión, renunció a su voluntad de vivir. Cuando esto ocurrió, se escuchó un gran temblor de la tierra, terrible y estupefacto, acompañado de truenos que rodaban desde los cielos.

 

Entonces el Bienaventurado, observando esto con entendimiento, compuso los siguientes versos:

 

Comparando lo incomparable con las continuas existencias,

 

El sabio renuncia a la formación de existencia,

 

Regocijado interiormente y concentrado, destruye

 

La continuación de su propia existencia, como la cota de malla.


 

 

FUENTES:

 

Bhikkhu Bodhi (2000) «The Shrine» en The Connected Discourses of the Buda: A Translation of the Samyutta Nikaya. Boston, Wisdom Publications. Págs. 1723-1725.

 

«Cetiyasutta» en World Tipitaka Edition, http://studies.worldtipitaka.org/tipitaka/14S5/7/7.1/7.1.10 13 de mayo de 2008


 

Traducido y editado por Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2010.