Viernes, 08 Septiembre 2017 16:47

SN 41,9 Acelakassapa Sutta – El asceta desnudo Kassapa

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Durante el encuentro con un viejo amigo suyo, quien era un asceta desnudo por treinta años, sin haber ganado nada en su ascetismo, el hombre hogareño Citta afirma haber ganado los cuatro jhanas y el fruto del no-retorno.

 


[Leer en pali]

[9] En esta ocasión el asceta desnudo Kassapa, quien en la vida laica fue un antiguo amigo del hombre hogareño Citta, llegó a Macchikasanda. El hombre hogareño Citta escuchó acerca de esto y se acercó al asceta desnudo Kassapa, intercambiando con él cordiales saludos. Cuando concluyeron esas amables palabras de bienvenida y cordiales saludos, se sentó a un lado y le dijo:

“¿Cuánto tiempo ya hace, Venerable Kassapa, que has hecho el renunciamiento?”.

“Han sido treinta años, hombre hogareño, desde que he hecho el renunciamiento”.

“Y en el transcurso de esos treinta años, venerable señor, ¿has alcanzado algunas distinciones sobrenaturales en el conocimiento y la visión que fueran dignas de los nobles? ¿Estas morando confortablemente?”.

“En el transcurso de esos treinta años, hombre hogareño, no he alcanzado distinción sobrenatural alguna en el conocimiento ni la visión que fuera digna de los nobles, y no estoy morando confortablemente, sino solamente en la desnudez, en afeitar la cabeza y limpiar con cepillo mi asiento”.

Cuando se dijo esto, el hombre hogareño Citta le dijo: “¡Esto es maravilloso, señor, realmente asombroso! Qué bien está expuesto el Dhamma en aquello que, después de treinta años, no has alcanzado distinción sobrenatural alguna en el conocimiento ni en la visión que fuera digna de los nobles, ni estás morando confortablemente, sino solamente en la desnudez, en afeitar la cabeza y limpiar con cepillo tu asiento”.

“Pero y tú, hombre hogareño, ¿cuánto tiempo hace desde que te hiciste seguidor laico?”.

“En mi caso también, venerable señor, han sido treinta años desde que me hice un seguidor laico”.

“Y en el transcurso de esos treinta años, hombre hogareño, ¿has alcanzado algunas distinciones sobrenaturales en el conocimiento y la visión que fueran dignas de los nobles? ¿Estas morando confortablemente?”.

“¿Cómo podría ser de otra forma, venerable señor? En cualquier grado que deseo, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entro y permanezco en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Luego, en cualquier grado que deseo, al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entro y permanezco en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental, y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Luego, en cualquier grado que deseo, al desaparecer el arrobamiento, permanezco ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimento la felicidad en mi cuerpo; entonces, entro y permanezco en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Luego, en cualquier grado que deseo, al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entro y permanezco en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad. Además, si yo muriera antes que el Bienaventurado, no sería sorpresa que él declarar luego de mí: “No hay grillete alguno que pudiera obligar a este hombre hogareño Citta que retornara a este mundo’”.

Cuando se dijo esto, el asceta desnudo Kassapa le dijo: “¡Esto es maravilloso, señor, realmente asombroso! Qué bien está expuesto el Dhamma en aquello que el laico vestido de blanco ha podido alcanzar la distinción sobrenatural en el conocimiento y la visión que es digna de los nobles, y mora confortablemente. ¿Puedo recibir el renunciamiento en el Dhamma y Disciplina, y recibir la plena ordenación?”.

Entonces, el hombre hogareño Citta llevó al asceta desnudo Kassapa a los monjes ancianos y les dijo: “Venerables señores, este asceta desnudo Kassapa es un viejo amigo mío en la vida laica. Que los ancianos le otorguen el renunciamiento y la plena ordenación, por favor. Y yo pondré empeño en ocuparme para proveerle los hábitos, la comida de las limosnas, la vivienda y los requisitos medicinales”.

Entonces, el asceta desnudo Kassapa recibió el renunciamiento en el Dhamma y Disciplina, y recibió la plena ordenación. Luego, no mucho después de esto, morando en soledad, apartado, diligente, ardiente y resuelto, el Venerable Kassapa, al descubrir por sí mismo, con el conocimiento directo, en esta presente vida entró y permaneció en aquella insuperable meta de la vida santa por la cual, correctamente, los hombres de clan abandonan la vida hogareña y asumen el estilo de vida sin hogar. Y conoció directamente: “Destruido está el nacimiento, la vida santa ha sido vivida, lo que se tenía que hacer se ha realizado y, he aquí, no hay más futuros estados de existencia”. Y el Venerable Kassapa llegó a ser uno de los arahants.

 


FUENTE:

Bodhi, B. (2000). The Naked Ascetic Kassapa The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the SamyuttaNikaya.Boston: WisdomPublications, (versión digital), pp. 1536-1537.

Acelakassapasuttam en Digital Pali Reader


Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015.

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