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Domingo, 27 Agosto 2017 12:10

SN 16,11 Civara Sutta - El hábito

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Este sutta, al igual que el anterior, nos da cuenta de los tira y afloja en la relación ―a veces estresante― que Kassapa tenía con Ananda.

 


[Leer en pali]

[11] En cierta ocasión el Venerable Mahakassapa moraba en el Santuario de las Ardillas, en la arboleda de los bambúes, cerca de Rajagaha. En aquella ocasión, el Venerable Ananda realizaba un recorrido por Dakkhinagiri junto a un gran Sangha de monjes. En esa ocasión unos treinta monjes ―pupilos del Venerable Ananda―, la mayoría de ellos jóvenes, habían dejado el entrenamiento y retornado a la vida inferior. Entonces, el Venerable Ananda siguió su recorrido por Dakkhinagiri hasta donde quiso, luego de lo cual retornó hacia Rajagaha, al Santuario de las Ardillas, en la arboleda de los bambúes. Entonces se acercó al Venerable Mahakassapa, le rindió homenaje y se sentó a un lado. Acto seguido el Venerable Mahakassapa le dijo:

“Amigo Ananda, ¿por cuántas razones el Bienaventurado dejó la regla, según la cual, los monjes no deben tomar la comida entre las familias en grupos no mayores de tres?”.

“El Bienaventurado dejó esta regla por tres razones, Venerable Kassapa: para la restricción de las personas de mala conducta y la comodidad de los monjes de buena conducta; [para] que aquellos de  malos deseos no creen un cisma en el Sangha mediante la formación de una facción; y por simpatía hacia las familias. Estas son las tres razones, Venerable Kassapa, por las cuales el Bienaventurado dejó esta regla”.

“Entonces, ¿por qué, amigo Ananda, estás recorriendo por ahí con esos monjes jóvenes que no tienen sus facultades sensoriales resguardadas, no se moderan en la comida y no se dedican a la vigilia? Se podría pensar que estaban recorriendo pisando los cultivos, se podría pensar que estaban recorriendo destruyendo las familias. Tu séquito se rompe, amigo Ananda, tus jóvenes seguidores se escapan. Y aun así este joven no conoce su medida”.

“Cabellos grises crecen en mi cabeza, Venerable Kassapa. ¿Podríamos evitar ser llamados jóvenes por el Venerable Mahakassapa?”.

“Amigo Ananda, es precisamente porque recorres por allá con esos monjes jóvenes que no tienen sus facultades sensoriales resguardadas… Y aun así este joven no conoce su medida”.

Entonces la monja Thullananda escuchó esto:

“El maestro Mahakassapa menosprecia al maestro Ananda, al sabio Videhan, llamándolo joven”.

Entonces, disgustada, expresó su disgusto así:

“¿Cómo puede el maestro Mahakassapa, que antes era miembro de otro credo religioso, pensar en menospreciar al maestro Ananda, al sabio Videhan, llamándolo joven?”.

Entonces el Venerable Mahakassapa escuchó a la monja Thullananda haciendo esta declaración y dijo al Venerable Ananda:

“Ciertamente, amigo Ananda, la monja Thullananda hace esta declaración precipitadamente y sin consideración. Desde que afeité mi cabeza y la barba, vestí el hábito amarillo, y abandoné la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar, no recuerdo haber tenido ni reconocido otro maestro alguno, excepto al Bienaventurado, el Arahant, el Perfectamente Iluminado.

“En el pasado, amigo, cuando todavía era un hombre hogareño, se me ocurrió esto: ‘La vida hogareña es un confinamiento, un camino polvoriento, mientras que el abandono del hogar es como salir al aire libre. No es fácil para uno, viviendo en el hogar, llevar una vida perfectamente completa, perfectamente purificada y santa, que se parezca a una concha pulida. Voy a afeitar mi cabeza y barba, vestir el hábito amarillo, y abandonar la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar’. Y, un poco más tarde, tuve mi hábito exterior hecho de retazos de tela, y entonces, reconociendo a aquellos arahants en el mundo [como modelos], afeité mi cabeza y barba, vestí el hábito amarillo, y abandoné la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar.

“Cuando hice mi renunciamiento, estuve deambulando a lo largo del camino, hasta cuando vi al Bienaventurado sentado en el Santuario de Bahuputta, que queda entre Rajagaha y Nalanda. Al verlo pensé: ‘Si quisiera ver a algún Maestro, ciertamente es al Bienaventurado al que debería ver. Si quisiera ver a algún Afortunado, ciertamente es al Bienaventurado al que debería ver. Si quisiera ver a algún Perfectamente Iluminado, ciertamente es al Bienaventurado al que debería ver’. Entonces me postré ahí a los pies del Bienaventurado y le dije: ‘Venerable Señor, el Bienaventurado es mi Maestro, yo soy su discípulo. Venerable Señor, el Bienaventurado es mi Maestro, yo soy su discípulo’.

“Cuando dije esto, el Bienaventurado me dijo: ‘Kassapa, si uno que no conoce ni ve, dijese a un discípulo, así resuelto mentalmente como tú, «yo conozco y veo», le explotaría la cabeza. Pero conociendo, Kassapa, yo digo «conozco» y, viendo, digo «veo». Por eso, Kassapa, debes entrenarte a ti mismo así: «Voy a hacer surgir un sentido entusiasta de temor de ofender a los ancianos, a los monjes recién ordenados y a aquellos de estatus intermedio». Así debes entrenarte a ti mismo.

“Por eso también, Kassapa, debes entrenarte a ti mismo así: «Siempre que escuche el Dhamma conectado con lo beneficioso, voy a escuchar con los oídos prestos, atendiéndolo como algo de vital importancia, aplicando mi mente completa a eso». Así debes entrenarte a ti mismo.

“Por eso también, Kassapa, debes entrenarte a ti mismo así: «Nunca voy a renunciar a la atención consciente dirigida al cuerpo y asociada con la alegría». Así debes entrenarte a ti mismo’.

“Acto seguido, habiéndome ofrecido esta exhortación, el Bienaventurado se levantó de su asiento y partió de allí. Y durante siete días, amigo, comí la comida de las limosnas de aquel pueblo como un deudor, pero en el octavo día surgió en mí el conocimiento final.

“Entonces, amigo, el Bienaventurado descendió del camino y se fue al pie de un árbol. Y  puse mi hábito exterior de parches, doblado en cuatro, sobre mi hombro y le dije: ‘Venerable Señor, que el Bienaventurado tome asiento aquí. Esto me conducirá al bienestar y felicidad por mucho tiempo’. Acto seguido el Bienaventurado se sentó en el asiento que le preparé y me dijo: ‘Tu hábito exterior de parches es suave, Kassapa’. ― ‘Venerable Señor, que el Bienaventurado acepte mi hábito exterior de parches por compasión’. ― ‘Entonces, ¿vestirás mi gastado hábito de trapos y cáñamo?’. ― ‘Lo haré, Venerable Señor’. De esta manera, ofrecí al Bienaventurado mi hábito exterior de parches y recibí, de él, su gastado hábito de trapos y cáñamo.

“Amigo, si alguien quisiese hablar con propiedad de alguien: ‘Este es el hijo del Bienaventurado, nacido de su pecho, nacido de su boca, nacido del Dhamma, creado por el Dhamma, un heredero del Dhamma, un receptor del gastado hábito de trapos y cáñamo’, ciertamente de mí tendría que decirlo.

“Amigo, en cualquier grado que lo desee, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entro y permanezco en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido.

“Además, amigo, en cualquier grado que lo desee… entro y permanezco en el segundo jhana… en el tercer jhana… en el cuarto jhana… en la base de la infinitud del espacio… en la base de la infinitud de la conciencia… en la base de la nada… en la base de la ni-percepción-ni-no-percepción… en el cese de la percepción y sensación… ejerzo varias clases de poderes espirituales… con el elemento del oído divino, que es purificado y sobrepasa el humano, escucho a ambas clases de sonidos… entiendo las mentes de otros seres y personas, habiéndolas abarcado con mi propia mente… conozco mis múltiples moradas pasadas con sus aspectos y detalles… veo ―por medio del ojo divino, purificado y que supera al humano― seres falleciendo y renaciendo, inferiores y superiores, hermosos y feos, afortunados y desafortunados según su kamma… [igual que en el sutta 16,9].

“Además, amigo, mediante la destrucción de las contaminaciones, en esta presente vida, entro y permanezco en la inmaculada liberación de la mente, liberación a través de la sabiduría, descubriéndolo por mí mismo con el conocimiento directo.

“Amigo, sería más fácil pensar que un elefante de siete ―o siete y medio― pies de alto pudiera esconderse detrás de una hoja de palmera, que pensar que mis seis conocimientos directos pudiesen quedar ocultos”.

Pero la monja Thullananda cayó lejos de la vida santa.

 


FUENTE:

Bodhi, B. (2000). The Robeen The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the SamyuttaNikaya.Boston: Wisdom Publications, (versión digital), pp. 865-867.

Civarasuttam en Digital Pali Reader


Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015.  

 

 

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